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“El otro México” de Fernando Jordán

En esta pandemia he recuperado un antiguo amor por la lectura, de modo que casi todos mis ratos de ocio los pasé leyendo, algo que no había podido hacer desde muchos años atrás. Así, durante esta larga cuarentena, me dediqué a leer vorazmente: de Yuval N. Harari a Jack Ketchum, y de Manuel Vázquez Montalbán a Karl G. Jung. Mientras escribía esta entrada, he comenzado a releer La montaña mágica, que tenía olvidada en algún lugar de mi mente desde la adolescencia.

De esa larga lista, uno de los libros que más he disfrutado, quizá el que más, ha sido el que da título a esta entrada. Había oído de El otro México hace muchos años, mientras preparaba un artículo sobre ética periodística, en el cual daba una interpretación de la misma basada en la obra de Richard Rorty. Según este filósofo, y resumiendo muchísimo, la manera de conseguir que el mundo sea un lugar mejor es hacer que la gente amplíe el círculo de sus lealtades morales, es decir, que se preocupe cada vez más por personas que no son sus seres queridos. Esta es una idea conocida de antiguo, pero creo que la novedad más interesante de Rorty tiene que ver con los mecanismos capaces de expandir el círculo, pues, en lugar de apostar por la filosofía o las leyes, este autor apuesta por una educación sentimental llevada a cabo por la literatura, en un concepto ampliado de la misma que abarca, además de la literatura propiamente dicha, muchas otras cosas, como el cine o por supuesto el periodismo. De este modo, cualquier reportaje (documental, novela, etc.) que mueva nuestros sentimientos puede hacer que nos impliquemos moralmente. Y, así, puede encaminarnos hacia lo que Rorty llama progreso moral.

Sólo por poner un par de ejemplos, porque literalmente hay cientos, vean este artículo sobre refugiados sirios en Europa, o este documental sobre la industria de la carne de cerdo. Creo que ambos son capaces de cambiar el modo de pensar de mucha gente acerca del vegetarianismo o la ética de la migración, a través de la influencia ejercida sobre los sentimientos.

Esto nos trae de regreso al exitoso libro del antropólogo y periodista Fernando Jordán (1920-1956), una obra que puso ante todo el público de México frente a la realidad y los problemas de una zona que en 1951, cuando se publicó, era prácticamente desconocida para todo el país. La mejor forma de describirlo es atender al subtítulo, “Biografía de Baja California”, porque eso es precisamente lo que es. El libro elabora una completa biografía de la Península, comenzando por sus orígenes legendarios y su discurrir histórico. Así, se refiere a las gestas de Vizcaíno y al papel de los misioneros en la conquista espiritual del territorio; también a los intentos por convertir a Baja California en territorio norteamericano.

Pero la historia es tan sólo un tema introductorio. El grueso del libro se dedica a exponer un recorrido a lo largo de la Península, en un tiempo anterior a la construcción de la carretera, cuando la única forma de viajar por gran parte de Baja California era cruzar el desierto por una brecha sin asfaltar.

Aunque la variedad de temas y la calidad de la narración dan ganas de hacerlo, no voy a dar una descripción detallada del contenido del libro, únicamente señalar algunos de los interesantes temas tratados, como el modo en que las ciudades del norte peninsular invirtieron muy adecuadamente en su futuro los ingresos generados por diversas actividades ilícitas, las incursiones por mar en busca de ballenas o la descripción tan triste que proporciona de los elefantes marinos. También la división entre dirigentes y trabajadores mineros en Santa Rosalía, la prisión de puertas abiertas de Mulegé, o la tierna historia de las truchas de Mr. Utt. Por no hablar de Comondú, el pueblo con olor a vino y aceite que para Jordán se convierte en el último paraíso de la Tierra.

Cuando se escribió, el libro quería ser actual y basado en percepciones vivas, alejándose del tono de una monografía histórica y más cercano a un reportaje, pero con los casi 70 años que han pasado desde su publicación, la obra adquiere un significativo peso histórico. Asi, en la misma se pueden ver los orígenes de muchos factores que hoy protagonizan la actividad de Baja California, como el turismo, las maquilas, la pesca (profesional y también deportiva) o por supuesto la migración.

Con todo, la parte del libro que más disfruté fue el recorrido en automóvil. Y creo que lo disfruté aún más por el hecho de estar en medio de la pandemia. Me imaginé al volante de un todoterreno, como el propio Jordán, recorriendo aquellos espacios infinitos de la Tierra de Nadie. Viendo los mismos pueblos, las mismas bahías, y hablando con los mismos fayuqueros.

Esa fue, como digo, la parte del libro que más disfruté, la que Jordán se pasa al volante. Fue la que me hizo dosificar la lectura, haciendo que cada tarde me pusiera a leer con la devoción de un gamer ante su videojuego favorito. A veces, en este mismo espíritu, completaba el viaje con vistas de Google Maps. Desde luego, sería mucho mejor el irme a recorrer la carretera. Las circunstancias no son las más adecuadas, ni mucho menos, pero es bueno pensar que algún día, cuando regrese la normalidad, muchos de los paisajes descritos por Jordán estarán ahí para ser descubiertos nuevamente.

Mientras llega ese día en que el sueño se haga realidad, si es que llega, releer ciertos pasajes de El otro Mexico tendrá que servir de consuelo.

El libro está disponible en la web del Archivo Histórico de Baja California Sur. Puedes descargarlo en este ENLACE.

Bremerhaven

Estrenaré la categoría “terrícola” con esta entrada, en la que quiero compartirles dos breves videos que grabé durante mi estancia en Bremerhaven (Alemania), justo antes de embarcarme en el carguero Buxcoast para regresar a América. Bremerhaven es una ciudad de 100,000 habitantes, situada en el norte del país, muy cerca de Bremen. De hecho, su mismo nombre significa “el puerto de Bremen”. Se trata, como pueden imaginarse, de una ciudad completamente volcada hacia el mar.

Bremerhaven es uno de los puertos más importantes de Europa, tanto en lo que se refiere a la pesca como al tráfico comercial. Históricamente, fue el punto de salida para los más de siete millones de alemanes que emigraron a los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX. Hoy en día, existe un Museo de la Emigración que conmemora este éxodo (aquí un completo texto sobre el tema).

Yo estuve en Bremerhaven apenas un día, llegué el domingo a mediodía y el lunes por la mañana ya me fui para el barco, de modo que no pude explorar todos los atractivos, ni siquiera los más importantes. Al respecto, lo que más me pesó, sin duda, fue no haber visto el Museo de la Emigración más que en un folleto, así como no subirme a la Torre del Radar (me enteré de que se podía hacer cuando ya estaba embarcado).

El primer video que les comparto se centra sobre todo en el Museo Alemán de la Navegación, un lugar que realmente tiene mucho material para quien esté interesado en los barcos y la historia de la navegación. Yo recuerdo especialmente la reconstrucción del “Bremer Kogge”, un barco del siglo XIV cuyos restos fueron encontrados en 1962, y también el submarino militar “Seehund”, una máquina asesina para sólo dos tripulantes (los cuales si no recuerdo, debían estar sin moverse de su asiento durante todo el tiempo que durase la misión).

La visita al Museo incluye también el acceso a varios barcos, entre ellos un ballenero de los años 50 y un remolcador conocido como el “tractor de agua”, dotado de una hélice con un diseño muy novedoso, que le daba mayor movilidad. En el mismo espacio se puede ver el primer hovercraft. Para quien le guste el mar, sin duda una gran experiencia.

El segundo video es el de mi visita al interior del submarino Wilhelm Bauer, lanzado en 1945. Me parece una experiencia muy interesante, el estar dentro de un submarino de la Segunda Guerra Mundial. Y, desde luego, quienes nos interesamos por el turismo espacial no podemos dejar de hacer comparaciones.

Debo advertir de que el video ni siquiera menciona esas comparaciones, al contrario, es un video “graciosito-wannabe” de un aspirante a youtuber (al igual que el anterior). Pero creo que si se observa desde la perspectiva del turismo espacial, puede suscitar ideas sobre nuestro tema.

Piénsenlo: una tripulación aislada en medio de un entorno hostil, dependiendo por completo de los sistemas de soporte de la nave, durante largos períodos de tiempo…

José María Filgueiras Nodar

Turismo “terrícola” (o sea: no-espacial)

Esta es una advertencia que sólo tiene sentido en un blog como el presente, dedicado al turismo espacial. Con la etiqueta “terrícola” (sé que no es gramaticalmente correcto, pero espero se me permita esta licencia) me referiré, claro está, a todo el turismo realizado a menos de 80 kilómetros de altura. Que es, adivinaron, prácticamente la totalidad del turismo que existe hoy por hoy .

Consciente de este hecho, ubicaré en esta categoría todos mis escritos que se refieran al turismo, en cualquiera de esas variedades y con múltiples contenidos (reflexiones conceptuales, descripciones de lugares, tips de viaje, etc.) siempre y cuando NO se refieran al turismo espacial.

Preveo que algunas de estas entradas serán de carácter muy personal, lo cual no sé si es positivo o algo de lo cual haya que disculparse. Amparado en la libertad narrativa que ofrece un blog, no me disculparé por el momento. Al contrario, animo a los lectores interesados en el turismo espacial a leer también las entradas “terrícolas”: seguro que encontrarán cosas interesantes.