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Turismo espacial y empleo

Próximamente participaré, junto con una de mis tesistas, en un evento conmemorativo del Día del Turismo, el cual se celebra todos los 27 de septiembre y que este año, como sabemos, estuvo articulado en torno al tema “Turismo y empleo”. Teniendo en cuenta este tema-eje, decidimos elaborar una presentación acerca de las posibilidades de  generación de empleos en el turismo espacial para los egresados de las carreras de turismo.

Desde luego (esto es algo que por sabido no debe dejar de decirse) se tratará de una presentación totalmente especulativa, ya que hoy por hoy el turismo espacial todavía no despega, al menos no como una industria capaz de emplear a nuestro alumnado. Las empresas que como Virgin Galactic, Blue Origin o Bigelow Aerospace están desarrollando ahora mismo sus productos de turismo espacial, contratan fundamentalmente a ingenieros y técnicos, sin duda las personas más necesarias en esta fase, además de personal administrativo, legal, etc., tal y como cualquier otra empresa. Hasta donde sé, todavía no están contratando, o desde luego no a gran escala, especialistas en turismo, pero me parece que ello no es óbice para que, de manera especulativa, se piense en las posibilidades que el turismo espacial podría ofrecerles en un futuro. Que en el turismo espacial serán necesarios tales especialistas es algo que pocos se atreverían a poner en cuestión: imaginemos la diferencia entre un hotel orbital gestionado por militares, en el cual te castigan con cien flexiones por no haberte acabado tu comida y tienes que andar todo el tiempo diciendo “señor, sí, señor”, o gestionado por personal de la industria de la hospitalidad…

En su presentación del evento, la OMT señala que “se necesitan nuevas políticas para aprovechar al máximo el potencial del turismo de crear más y mejores puestos de trabajo, especialmente para las mujeres y los jóvenes. Se requieren también nuevas medidas para reflejar e incorporar los avances tecnológicos en curso”. A mi juicio, apoyar el desarrollo del turismo espacial parece ser una de tales políticas. Los posibles empleos que se generen en el turismo espacial, en su modalidad orbital y suborbital, muy probablemente beneficiarán más a los más jóvenes, por motivos obvios de capacidad física, en primer lugar, pero también porque tienen más tiempo para dedicarse a la preparación exigida por estas posiciones laborales, y (yo diría que sobre todo) porque los jóvenes tienen la imaginación y la capacidad de soñar mucho menos dañada que los mayores.

En el caso específico de las mujeres, es cierto que la exploración espacial ha estado, por motivos fácilmente discernibles, así como criticables, dominada hasta el momento por los hombres (si alguien lo duda, que no lo creo, puede ver ese magnífico documental que es Mercury 13). Pero también es cierto que ya desde un momento tan temprano como 1963 (fecha del vuelo orbital de Valentina Tereshkova) las mujeres también han participado activamente en dicha exploración. Más allá de ese hecho, recuerdo haber leído en una ocasión que algunos ejércitos ya eran conscientes de las ventajas de emplear mujeres en tareas como, por ejemplo, las bases submarinas. Aunque quizá lo leí en alguna novela de ciencia-ficción (sospecho de Esfera, esa excelente obra de Michael Crichton), la lógica de la afirmación es impecable: las mujeres son capaces de hacer exactamente el mismo trabajo que los hombres, pero en general consumen muchos menos recursos (como alimentos, agua u oxígeno). Argumentaciones similares a la mencionada podrían representar un punto a favor de las mujeres a la hora de  ser contratadas para ciertos empleos en el futuro ecosistema laboral del espacio exterior. Por supuesto, no basta con confiar en esta ventaja que podría orientar las decisiones de mercado a favor de las mujeres; se precisan medidas enérgicas, de carácter legal y político, para lograr por fin la igualdad de género, tanto en el mundo laboral de la actualidad como en el del futuro.

Acerca de tal ecosistema laboral del espacio, podemos recordar el libro de Erik Seedhouse: Astronauts for Hire. The emergence of Commercial Astronaut Corps. Seedhouse, uno de los principales expertos en el campo del turismo espacial y en general de la comercialización del espacio, señala algunos puestos pertenecientes a lo que llama “empleo extraterrestre”: Controlador de Tráfico Espacial, Astronauta Supervisor, Agente de Entretenimiento Orbital, Mecánico de Servicio a Naves Espaciales, Doctor Espacial o Broker de Exploración. Con un poco de imaginación estoy seguro de que a todos se nos ocurrirían muchos puestos más…

Una última reflexión debe referirse a los salarios, dado que es una gran fuente de preocupación para quienes egresan de las licenciaturas en Turismo. Si recordamos una aproximación tradicional a la valuación de puestos, como es el método por puntos de Lott, nos encontramos con cuatro grupos de factores de valuación: requisitos mentales (ligados a características como la instrucción o la experiencia), requisitos físicos (esfuerzo físico y concentración), responsabilidades (personal, materiales, etc.) y condiciones del trabajo (como el ambiente laboral y los riesgos). Está claro que estos factores puntuarán muy alto para cualquier empleo del turismo espacial.

El nivel de instrucción, por ejemplo, será mucho mayor, ya que, al aprendizaje habitual para los empleos en “tierra, mar y aire”, se le agregará el entrenamiento específico para operar en el espacio. Los turistas que, de Dennis Tito a Guy Laliberté, realizaron estancias en la Estación Espacial Internacional, requirieron literalmente meses de entrenamiento; cabe suponer que los trabajadores en facilidades orbitales necesiten al menos el mismo tiempo, si no más. Lo mismo sucede con los otros factores, pensemos en los requisitos físicos o la responsabilidad de manejar instalaciones y equipos de altísimo valor, por no hablar de los riesgos que se enfrentan en el espacio, el cual es, no lo olvidemos, el ambiente más hostil al que se pueden enfrentar los seres humanos. Todo ello favorece la conjetura de que se tratará de salarios elevados.

Por supuesto, existen otros elementos que deben tomase en cuenta a la hora de establecer los salarios, como es el reconocimiento del trabajo por parte de la sociedad, o el valor  generado por dicho trabajo. Manteniendo constantes estos elementos (constantes con respecto a lo que resulta habitual hoy por hoy en el sector turístico), creo que se sigue apuntalando la conjetura de un salario elevado para los trabajadores del ecosistema laboral espacial.

Así pues, uniendo los salarios a todos los retos y satisfacciones que implicaría trabajar en el espacio, puede ser que éste constituya una opción laboral para algunos de los egresados de nuestras licenciaturas en turismo, tal vez incluso sean los trabajos soñados por muchos de ellos, una posición que hoy día ocupa, por ejemplo, el trabajo en cruceros.

Desde luego, este sueño no se va a cumplir ahora, y la pregunta más interesante, la pregunta de millón (o del billón) es: “¿cuándo va a comenzar el turismo espacial?”. Cuando esta modalidad de turismo llegue a los mercados masivos, sin duda se convertirá en una importantísima fuente de empleos. Previamente, el producto habrá tenido que conquistar a los innovadores y a los adoptadores tempranos, una fase en la que existirán ciertas oportunidades de empleo, si bien en mucha menor cantidad. Pero para que todo ello suceda, obviamente, el producto debe salir al mercado. Y todavía no ha salido. Virgin lleva anunciando el inicio de sus vuelos al menos desde la época del Premio Ansari. Desde hace una década y media, Virgin ha anunciado el inminente inicio de sus vuelos, para acto seguido desmentirlo y retrasar la fecha, en una dinámica que Seedhouse ha caracterizado como de “expectativas y sueños rotos”. Dinámica que, todo hay que decirlo, no parece haber desanimado a sus clientes, a quienes ya han reservado plaza para los vuelos suborbitales en el SpaceShip Two.

Los estudios de mercado muestran que, una vez se resuelvan los dos problemas básicos de precio y seguridad, los cuales luchan por resolver hoy todas las empresas del sector, el turismo espacial podrá convertirse en un producto de gran éxito comercial, y por tanto una interesante opción de empleo para los egresados de turismo (y por supuesto de muchas otras carreras). Pero mientras esos problemas no se resuelvan, sólo cabe seguir esperando. Eso sí, sin perder la esperanza de que algún día nuestros empleos puedan estar más allá de la atmósfera de este planeta.

La NASA se abre al uso comercial de la Estación Espacial Internacional

Hasta ahora, los turistas espaciales que, desde Dennis Tito en 2001 hasta Guy Laliberté en 2009, habían permanecido en la Estación Espacial Internacional, lo habían hecho de la mano de Roskosmos, la agencia espacial rusa, que participa en la administración de dicha Estación, con el apoyo de Space Adventures, la primera agencia de viajes espacial del mundo. La NASA, a pesar de que en un informe de 1998 elaborado junto con la STA ya hablaba de que se debía prestar mucha atención a los negocios turísticos en el espacio, siempre pareció oponerse al turismo espacial. De hecho, el vuelo de Tito encontró una fuerte oposición por parte de la NASA y, si llegó a volar, fue porque Roskosmos amenazó con dejar de cooperar en la construcción de la Estación.

Por diversos motivos, las cosas han cambiado en la actualidad, y la NASA acaba de anunciar el pasado 7 de junio que, de existir el mercado suficiente, permitirán anualmente hasta dos misiones privadas cortas, es decir, con una duración máxima de un mes, a la Estación Espacial Internacional. Recordando la historia del turismo orbital, tenemos que las estancias turísticas en dicha Estación nunca sobrepasaron los quince días, de modo que estas misiones apoyadas por la NASA podrían ser mucho más duraderas que todas las llevadas a cabo hasta ahora.

Evidentemente, la apertura de la Estación al sector privado no se limita al turismo. De hecho se habla de numerosos proyectos dedicados a cuestiones como manufactura en microgravedad, investigación de materiales y cosas por el estilo. Sin embargo, quienes conocemos el turismo, no dudamos del poder de esta actividad, que contribuye aproximadamente con el 10% del Producto Interior Bruto mundial, para adquirir un papel preponderante en este movimiento de apertura de la EEI.

Las naves que te llevarían a la EEI como astronauta privado en esta modalidad ya no son las conocidas Soyuz rusas, sino los vehículos desarrollados en el marco del Programa de Tripulación Comercial, diseñados y operados por compañías norteamericanas (en concreto SpaceX y Boeing, las empresas que en 2014 obtuvieron los contratos para el desarrollo de los mismos y que en la actualidad siguen trabajando en ello) y que serán certificados por la NASA una vez cumplan con todas las pruebas de vuelo tripulado. Con respecto a los precios, ya te imaginarás que no son nada baratos: la estancia saldrá más o menos en 35,000 dólares diarios, así que si tienes planeado viajar, es mejor que vayas ahorrando desde hoy mismo…

Este movimiento de apertura debe entenderse en el contexto del objetivo que tiene la NASA de llevar la primera mujer a la Luna en 2024, así como de establecer un ecosistema económico sostenible en la órbita baja terrestre (LEO, por sus siglas en inglés). Ello fortalecerá los vínculos entre las empresas y el Gobierno, permitiéndole también a éste conseguir muchos productos y servicios (entrenamiento de astronautas, pruebas de material, investigación de todo tipo) a un costo mucho más bajo, lo cual ayudará a conseguir más rápidamente el objetivo deseado. En otro lugar, la NASA afirma que comercializar LEO es ni más ni menos “el próximo paso en la exploración y la expansión de la humanidad hacia el sistema solar”.

La comercialización del espacio exterior es un tema que requiere un gran debate, desde múltiples disciplinas, incluyendo la ética. Sin embargo, parece que tal y como están hoy las cosas, tal y como está organizado nuestro mundo, resulta un paso ineludible si queremos proseguir en nuestro camino al espacio. Por ello, este anuncio de la NASA debe tomarse como la gran noticia que es.

José María Filgueiras Nodar

Sobre la quiebra de XCOR Aerospace

El pasado noviembre de 2017, XCOR Aerospace se declaró en quiebra, de acuerdo con el Capítulo 7 de la legislación estadounidense, que obliga a liquidar todos los activos de la compañía para pagar sus deudas. Habría mucho más que decir, desde luego, y tal vez escriba sobre ello más adelante. Pero, de momento, mi reflexión se centrará en ese viejo chiste que dice: “la mejor forma de hacerse millonario con el turismo espacial… es comenzar billonario”.

Junto con Virgin Galactic, XCOR era la empresa que los estudiosos del tema (por ejemplo, Erik Seedhouse en sus libros) consideraban más cerca de lograr su objetivo de enviar turistas humanos al espacio. Desde su fundación en 1999, se había destacado por tener un equipo humano de muy alta calidad, con técnicos de primer nivel, comenzando por su presidente Jeff Greason y su ingeniero jefe Dan De Long. Asimismo, su nave, el Lynx, y el esquema de vuelo que ofrecían a los turistas (volar al espacio en despegue horizontal, al lado de quien fue comandante de la lanzadera espacial, Rick Searfoss), eran opciones terriblemente atractivas. La empresa, además, había realizado miles de disparos de cohetes y acumulado un tiempo muy relevante de uso de sus motores. Por si ello fuera poco, XCOR había conseguido todos estos logros a un costo mínimo, gracias a su capacidad de innovación.

En 2015 salieron de la compañía tres de sus fundadores, para dedicarse a otros proyectos. En 2016, teniendo a John Gibson como gerente general, la empresa comenzó a despedir a su personal. Y en noviembre de 2017 se fue a la quiebra.

Las compañías que ahora quedan “en punta” en la carrera hacia el turismo espacial suborbital serían la sempiterna Virgin Galactic, siempre en las apuestas, desde tiempos del Premio Ansari; y Blue Origin, que en los últimos años ha mostrado sus músculos con mucha intensidad, como ya hemos comentado en este blog. Ambas empresas tienen algo de lo que carecía XCOR: dos multimillonarios al frente, con enormes bolsillos capaces de sostener a la compañía en esta incierta fase de su desarrollo.

No sé lo que sucederá de cara al futuro, sobre el cual existen muchas incógnitas, pero por el momento este hecho parece ser fundamental para la supervivencia de las empresas de turismo espacial.

Una réplica del Lynx, la nave espacial de XCOR (foto de 24oranges.nl, tomada de Wikipedia Commons)

Comenzando este blog

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Este blog está destinado a presentar el turismo espacial a todo el público de nuestro idioma. El turismo espacial es una realidad desde el año 2001 y cada vez nos estamos acercando más a una fase del mismo mucho más democrática, en la cual ya no sólo esté al alcance de unos pocos multimillonarios.

Desde luego, para llegar a esa fase se necesita conocer mucho mejor al mercado potencial, y eso es precisamente lo que se está buscando hacer para el caso de México, concretamente en la página http://turismosuborbital.wix.com/encuesta

Esta encuesta diseñada por una estudiante oaxaqueña de turismo, Angélica Piñón, trata de encontrar el potencial del mercado de turismo espacial suborbital en México, así como de entender mejor el comportamiento de los posibles competidores.

Ayudémosle a obtener los datos necesarios para tener una perspectiva real de lo que piensan los mexicanos acerca de esta nueva forma de hacer turismo, que en el futuro puede llegar a ser tan común como el ir a la playa.

José María Filgueiras Nodar