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YouTube y l@s Cousteau del turismo espacial

En esta entrada, quiero referirme a unas declaraciones de John Spencer, el famoso gurú del espacio, en un libro que escribió junto a Karen Rugg allá por 2004. En esta obra (por cierto, la primera que se escribió en EE.UU. sobre el tema), titulada Space Tourism. Do you want to go?, se diseña un Plan Maestro para el desarrollo del turismo espacial. Este Plan inicia con lo que podríamos denominar una macrocampaña de Relaciones Públicas en la cual hay que difundir una visión atractiva y favorable al turismo espacial. Es en el contexto de esa macrocampaña que Spencer y Rugg afirman: “necesitamos un Jacques-Yves Cousteau para el movimiento del espacio y para el turismo espacial. Alguien con la presencia, la voz, la credibilidad y la pasión con que Cousteau estimuló el interés por los océanos podría hacer lo mismo por el espacio” (p. 194). Probablemente, así, a botepronto, muchos pensaríamos que esa persona ya existió, y se llamaba Carl Sagan.

La influencia de Sagan como divulgador de la astronomía, la exobiología, o la ciencia en general, ha sido impresionante. Y, con pocas dudas, yo creo que habría sido un decidido partidario del turismo espacial. Por desgracia, murió (relativamente joven, para más INRI) en 1996  y sabemos que en esas fechas, aunque ya se habían llevado a cabo los importantes estudios de mercado de Patrick Collins y sin duda existía la idea del turismo espacial al menos desde la década de los sesenta, todavía no se había producido el primer viaje turístico espacial. Éste se llevó a cabo en el año 2001, y tuvo como protagonista a Dennis Tito.

Spencer considera que es precisamente Tito quien funge como el Cousteau (y de forma paralela como el Neil Armstrong) del turismo espacial. Desconozco de primera mano el impacto de Tito sobre el público norteamericano, pero todos los especialistas afirman que fue muy grande. En los países de habla hispana, por el contrario, no me parece que haya sido para tanto. Por poner un ejemplo, en México yo me enteré de su hazaña varios años después, cuando comenzaba mis investigaciones sobre turismo espacial. Poco que ver, creo yo, con la fama alcanzada por Cousteau: recuerdo la devoción con que cada semana veía sus programas en la televisión española. Y también el montón de veces en que fantaseaba con los amigos, todos niños en aquella época, acerca de la posibilidad de tener un barco como el Calypso para navegar por todo el mundo. Tampoco me parece que se pueda comparar con la influencia de una serie como Cosmos.

Probablemente una razón de este menor impacto sea, en mi opinión, que en los ochenta y a finales de los setenta no había tanto para elegir. En España era muy sencillo: veías TVE 1 o TVE 2 y, si no te convencía la programación, te metías a leer en tu cuarto o salías a la calle a jugar fútbol. Poco más. El primer canal autonómico inició sus transmisiones en mi comunidad en 1985 y la primera televisión privada en 1990. Hoy día, tenemos servicios de televisión por cable o por satélite que ofrecen cientos de canales. Además, existen plataformas de contenido online como Netflix y todas las que siguieron su estela. Y, por supuesto, está ahí todo el material disponible en las redes sociales, especialmente YouTube. Es probable que toda esta profusión de contenido audiovisual, ubicado además en un lugar tan próximo como nuestro teléfono celular, haga que aquel mundo de los 70 nos resulte ya muy extraño, incluso a quienes lo vivimos.

Yo creo que esa enorme expansión de la oferta audiovisual ha tenido que ver con la menor proyección de Tito frente a la de Cousteau. Sin embargo, no creo que sea la única razón. Cousteau, en principio un oficial de la Marina francesa, era un idealista que si no recuerdo mal llegó incluso a demandar a su hijo por usar su nombre en un proyecto comercial. En cambio, Richard Branson, el dueño de Virgin Galactic, es un magnate que posee cientos de empresas más, incluido un banco y una compañía telefónica. A Elon Musk se le estima un patrimonio de casi cuarenta mil millones de dólares, distribuido entre varias empresas, como Tesla o SpaceX. Y Jeff Bezos es hoy, ni más ni menos, la persona con más dinero de todo el mundo, con una fortuna superior a los cien mil millones de dólares. Poco importa que las empresas de turismo espacial sean las que menos riqueza aportan a sus propietarios. Quien lo dude, que compare las cifras de Amazon con las de Blue Origin: podría pensar que Bezos tiene esta empresa como un hobby, vamos, como quien tiene un acuario o una colección de sellos o, todo lo más, que es su versión de una empresa social. Aun así, el caso es que mucha gente desconfía por default de los multimillonarios… Entonces, cuando Spencer afirma que el turismo espacial necesita un Cousteau, en este contexto podría interpretarse como que señala la necesidad de alguien independiente de los intereses de esta industria, si es que se quiere que la visión del turismo espacial llegue en verdad a la gente.

Probablemente estx nuevx Cousteau no vaya a surgir de los grandes canales de televisión. Probablemente sea más adecuado apostarle a YouTube, en donde se puede lograr el desarrollo de productos audiovisuales de gran calidad con muy poca inversión, o de productos con una enorme difusión e impacto a un costo próximo a cero. Sin duda, YouTube democratiza el acceso a un público potencialmente mundial  para quienes quieran extender la visión propuesta por Spencer, o alguna de las múltiples  variantes de la misma que se nos puedan ocurrir. En ese sentido, hace muy fácil extender los ideales del movimiento espacial.

¿Saldrá de YouTube la o el nuevo Cousteau del turismo espacial? Sin duda, es una posibilidad muy atractiva. Ojalá algunas personas jóvenes se la tomen en serio y comiencen a trabajar en esa dirección.

Turismo espacial y empleo

Próximamente participaré, junto con una de mis tesistas, en un evento conmemorativo del Día del Turismo, el cual se celebra todos los 27 de septiembre y que este año, como sabemos, estuvo articulado en torno al tema “Turismo y empleo”. Teniendo en cuenta este tema-eje, decidimos elaborar una presentación acerca de las posibilidades de  generación de empleos en el turismo espacial para los egresados de las carreras de turismo.

Desde luego (esto es algo que por sabido no debe dejar de decirse) se tratará de una presentación totalmente especulativa, ya que hoy por hoy el turismo espacial todavía no despega, al menos no como una industria capaz de emplear a nuestro alumnado. Las empresas que como Virgin Galactic, Blue Origin o Bigelow Aerospace están desarrollando ahora mismo sus productos de turismo espacial, contratan fundamentalmente a ingenieros y técnicos, sin duda las personas más necesarias en esta fase, además de personal administrativo, legal, etc., tal y como cualquier otra empresa. Hasta donde sé, todavía no están contratando, o desde luego no a gran escala, especialistas en turismo, pero me parece que ello no es óbice para que, de manera especulativa, se piense en las posibilidades que el turismo espacial podría ofrecerles en un futuro. Que en el turismo espacial serán necesarios tales especialistas es algo que pocos se atreverían a poner en cuestión: imaginemos la diferencia entre un hotel orbital gestionado por militares, en el cual te castigan con cien flexiones por no haberte acabado tu comida y tienes que andar todo el tiempo diciendo “señor, sí, señor”, o gestionado por personal de la industria de la hospitalidad…

En su presentación del evento, la OMT señala que “se necesitan nuevas políticas para aprovechar al máximo el potencial del turismo de crear más y mejores puestos de trabajo, especialmente para las mujeres y los jóvenes. Se requieren también nuevas medidas para reflejar e incorporar los avances tecnológicos en curso”. A mi juicio, apoyar el desarrollo del turismo espacial parece ser una de tales políticas. Los posibles empleos que se generen en el turismo espacial, en su modalidad orbital y suborbital, muy probablemente beneficiarán más a los más jóvenes, por motivos obvios de capacidad física, en primer lugar, pero también porque tienen más tiempo para dedicarse a la preparación exigida por estas posiciones laborales, y (yo diría que sobre todo) porque los jóvenes tienen la imaginación y la capacidad de soñar mucho menos dañada que los mayores.

En el caso específico de las mujeres, es cierto que la exploración espacial ha estado, por motivos fácilmente discernibles, así como criticables, dominada hasta el momento por los hombres (si alguien lo duda, que no lo creo, puede ver ese magnífico documental que es Mercury 13). Pero también es cierto que ya desde un momento tan temprano como 1963 (fecha del vuelo orbital de Valentina Tereshkova) las mujeres también han participado activamente en dicha exploración. Más allá de ese hecho, recuerdo haber leído en una ocasión que algunos ejércitos ya eran conscientes de las ventajas de emplear mujeres en tareas como, por ejemplo, las bases submarinas. Aunque quizá lo leí en alguna novela de ciencia-ficción (sospecho de Esfera, esa excelente obra de Michael Crichton), la lógica de la afirmación es impecable: las mujeres son capaces de hacer exactamente el mismo trabajo que los hombres, pero en general consumen muchos menos recursos (como alimentos, agua u oxígeno). Argumentaciones similares a la mencionada podrían representar un punto a favor de las mujeres a la hora de  ser contratadas para ciertos empleos en el futuro ecosistema laboral del espacio exterior. Por supuesto, no basta con confiar en esta ventaja que podría orientar las decisiones de mercado a favor de las mujeres; se precisan medidas enérgicas, de carácter legal y político, para lograr por fin la igualdad de género, tanto en el mundo laboral de la actualidad como en el del futuro.

Acerca de tal ecosistema laboral del espacio, podemos recordar el libro de Erik Seedhouse: Astronauts for Hire. The emergence of Commercial Astronaut Corps. Seedhouse, uno de los principales expertos en el campo del turismo espacial y en general de la comercialización del espacio, señala algunos puestos pertenecientes a lo que llama “empleo extraterrestre”: Controlador de Tráfico Espacial, Astronauta Supervisor, Agente de Entretenimiento Orbital, Mecánico de Servicio a Naves Espaciales, Doctor Espacial o Broker de Exploración. Con un poco de imaginación estoy seguro de que a todos se nos ocurrirían muchos puestos más…

Una última reflexión debe referirse a los salarios, dado que es una gran fuente de preocupación para quienes egresan de las licenciaturas en Turismo. Si recordamos una aproximación tradicional a la valuación de puestos, como es el método por puntos de Lott, nos encontramos con cuatro grupos de factores de valuación: requisitos mentales (ligados a características como la instrucción o la experiencia), requisitos físicos (esfuerzo físico y concentración), responsabilidades (personal, materiales, etc.) y condiciones del trabajo (como el ambiente laboral y los riesgos). Está claro que estos factores puntuarán muy alto para cualquier empleo del turismo espacial.

El nivel de instrucción, por ejemplo, será mucho mayor, ya que, al aprendizaje habitual para los empleos en “tierra, mar y aire”, se le agregará el entrenamiento específico para operar en el espacio. Los turistas que, de Dennis Tito a Guy Laliberté, realizaron estancias en la Estación Espacial Internacional, requirieron literalmente meses de entrenamiento; cabe suponer que los trabajadores en facilidades orbitales necesiten al menos el mismo tiempo, si no más. Lo mismo sucede con los otros factores, pensemos en los requisitos físicos o la responsabilidad de manejar instalaciones y equipos de altísimo valor, por no hablar de los riesgos que se enfrentan en el espacio, el cual es, no lo olvidemos, el ambiente más hostil al que se pueden enfrentar los seres humanos. Todo ello favorece la conjetura de que se tratará de salarios elevados.

Por supuesto, existen otros elementos que deben tomase en cuenta a la hora de establecer los salarios, como es el reconocimiento del trabajo por parte de la sociedad, o el valor  generado por dicho trabajo. Manteniendo constantes estos elementos (constantes con respecto a lo que resulta habitual hoy por hoy en el sector turístico), creo que se sigue apuntalando la conjetura de un salario elevado para los trabajadores del ecosistema laboral espacial.

Así pues, uniendo los salarios a todos los retos y satisfacciones que implicaría trabajar en el espacio, puede ser que éste constituya una opción laboral para algunos de los egresados de nuestras licenciaturas en turismo, tal vez incluso sean los trabajos soñados por muchos de ellos, una posición que hoy día ocupa, por ejemplo, el trabajo en cruceros.

Desde luego, este sueño no se va a cumplir ahora, y la pregunta más interesante, la pregunta de millón (o del billón) es: “¿cuándo va a comenzar el turismo espacial?”. Cuando esta modalidad de turismo llegue a los mercados masivos, sin duda se convertirá en una importantísima fuente de empleos. Previamente, el producto habrá tenido que conquistar a los innovadores y a los adoptadores tempranos, una fase en la que existirán ciertas oportunidades de empleo, si bien en mucha menor cantidad. Pero para que todo ello suceda, obviamente, el producto debe salir al mercado. Y todavía no ha salido. Virgin lleva anunciando el inicio de sus vuelos al menos desde la época del Premio Ansari. Desde hace una década y media, Virgin ha anunciado el inminente inicio de sus vuelos, para acto seguido desmentirlo y retrasar la fecha, en una dinámica que Seedhouse ha caracterizado como de “expectativas y sueños rotos”. Dinámica que, todo hay que decirlo, no parece haber desanimado a sus clientes, a quienes ya han reservado plaza para los vuelos suborbitales en el SpaceShip Two.

Los estudios de mercado muestran que, una vez se resuelvan los dos problemas básicos de precio y seguridad, los cuales luchan por resolver hoy todas las empresas del sector, el turismo espacial podrá convertirse en un producto de gran éxito comercial, y por tanto una interesante opción de empleo para los egresados de turismo (y por supuesto de muchas otras carreras). Pero mientras esos problemas no se resuelvan, sólo cabe seguir esperando. Eso sí, sin perder la esperanza de que algún día nuestros empleos puedan estar más allá de la atmósfera de este planeta.

Sobre la quiebra de XCOR Aerospace

El pasado noviembre de 2017, XCOR Aerospace se declaró en quiebra, de acuerdo con el Capítulo 7 de la legislación estadounidense, que obliga a liquidar todos los activos de la compañía para pagar sus deudas. Habría mucho más que decir, desde luego, y tal vez escriba sobre ello más adelante. Pero, de momento, mi reflexión se centrará en ese viejo chiste que dice: “la mejor forma de hacerse millonario con el turismo espacial… es comenzar billonario”.

Junto con Virgin Galactic, XCOR era la empresa que los estudiosos del tema (por ejemplo, Erik Seedhouse en sus libros) consideraban más cerca de lograr su objetivo de enviar turistas humanos al espacio. Desde su fundación en 1999, se había destacado por tener un equipo humano de muy alta calidad, con técnicos de primer nivel, comenzando por su presidente Jeff Greason y su ingeniero jefe Dan De Long. Asimismo, su nave, el Lynx, y el esquema de vuelo que ofrecían a los turistas (volar al espacio en despegue horizontal, al lado de quien fue comandante de la lanzadera espacial, Rick Searfoss), eran opciones terriblemente atractivas. La empresa, además, había realizado miles de disparos de cohetes y acumulado un tiempo muy relevante de uso de sus motores. Por si ello fuera poco, XCOR había conseguido todos estos logros a un costo mínimo, gracias a su capacidad de innovación.

En 2015 salieron de la compañía tres de sus fundadores, para dedicarse a otros proyectos. En 2016, teniendo a John Gibson como gerente general, la empresa comenzó a despedir a su personal. Y en noviembre de 2017 se fue a la quiebra.

Las compañías que ahora quedan “en punta” en la carrera hacia el turismo espacial suborbital serían la sempiterna Virgin Galactic, siempre en las apuestas, desde tiempos del Premio Ansari; y Blue Origin, que en los últimos años ha mostrado sus músculos con mucha intensidad, como ya hemos comentado en este blog. Ambas empresas tienen algo de lo que carecía XCOR: dos multimillonarios al frente, con enormes bolsillos capaces de sostener a la compañía en esta incierta fase de su desarrollo.

No sé lo que sucederá de cara al futuro, sobre el cual existen muchas incógnitas, pero por el momento este hecho parece ser fundamental para la supervivencia de las empresas de turismo espacial.

Una réplica del Lynx, la nave espacial de XCOR (foto de 24oranges.nl, tomada de Wikipedia Commons)