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El acabóse…

Esta expresión la solían usar las abuelas hace mucho tiempo, cuando yo era un niño. El acabóse. Aunque sé que es más usada en sentido peyorativo, me parece legítimo emplearla para hablar de la situación del turismo espacial suborbital en este mes de julio.

Resumiendo mucho las cosas, Virgin Galactic llevaba dieciséis años luchando para llevar turistas fuera de la atmósfera terrestre, y prometiéndole a sus seguidores que podrían realizar este viaje en muy poco tiempo (como quien dice, casi pasado mañana). Blue Origin, que no dejó de trabajar en pos del mismo fin desde inicios de siglo, pasó mucho tiempo en un relativo silencio, sin dar demasiada noticia de sus actividades, hasta que  anunció en 2016 el inicio de sus vuelos suborbitales para 2018. Después de un breve retraso, en el cual la pandemia tuvo mucho que ver, acaba de revelar su primer vuelo para el 20 de julio, vuelo en el cual viajará Jeff Bezos, el dueño de la compañía.

Pero ahora, confirmando los rumores que ya se escuchaban luego de que Virgin consiguiera la licencia de la FAA para transportar pasajeros al espacio, esta empresa acaba de anunciar que llevará a cabo su primer vuelo de prueba tripulado el día 11 de julio. Y que en ese vuelo también viajará el dueño de Virgin, de modo que Richard Branson se convertirá en el primer turista espacial, por delante de Jeff Bezos.

Si esto fuese una carrera de Fórmula 1, el adelantamiento de Blue Origin sin duda habría sido algo espectacular, pero este contraataque de Virgin fue algo capaz de dejar al público paralizado en sus asientos, pensando si lo que han visto es real.

De hecho, supongo que ya hay gente que estará pensando teorías extrañas, como que se trata de algo que han planeado entre las dos empresas y al final acabarán volando el mismo día, o algo por el estilo.

En cualquier caso, el turismo espacial suborbital está viviendo hoy mismo una popularidad absolutamente inédita, y nos tendrá a todo mundo pegados a las redes sociales y los canales de información, en espera del siguiente movimiento.

Lo dicho: esto es el acabóse.

José María Filgueiras Nodar

La carrera espacial privada: llegando al sprint

Como ya todo el mundo sabe, el próximo 20 de julio la nave New Shepard de Blue Origin realizará su primer vuelo turístico suborbital, en el cual viajará ni más ni menos que Jeff Bezos, el propietario de la compañía (y de Amazon), junto con su hermano Mark y uno o dos pasajeros más. En este blog siempre le dimos mucho crédito a Blue Origin, y da gusto ver que no andábamos tan desencaminados. Escribí hace poco un artículo sobre esta excelente noticia para el turismo espacial, cuya lectura les recomiendo. Aquí les dejo el enlace a mi texto, publicado por la prestigiosa revista online Entorno Turístico. Desde luego, me gustaría escribir más cosas al respecto antes del día del vuelo (si la chamba me lo permite).

Pero hoy quiero comentar otra noticia, que sin duda debe leerse en paralelo con la anterior. Virgin Galactic, la empresa que se consideraba más cercana al objetivo de lanzar sus vuelos turísticos al espacio, y sin duda la que más promoción ha hecho sobre el tema, lo cual le ha llevado a tener literalmente varios cientos de reservaciones pagadas, obtuvo este 25 de junio la aprobación por parte de la Administración Federal de Aviación para llevar a cabo vuelos espaciales tripulados. Como puede leerse en el comunicado de la empresa, la ampliación de la licencia de Virgin se debe sobre todo al éxito de su última prueba, llevada a cabo el pasado 22 de mayo. Michael Colglazier, el gerente general de la empresa, ha dicho que estas buenas noticias le aportan mucha confianza a Virgin a medida que se acerca su primera prueba tripulada, la cual se llevará a cabo durante el verano.

Para darle mayor emoción al asunto (y, hay que decirlo, rozando ya el chismorreo) existen rumores de que Virgin podría reorganizar la agenda de sus vuelos de prueba para que Richard Branson, el propietario de la compañía, viaje al espacio antes que Jeff Bezos, convirtiéndose así en el primer turista suborbital. Incluso se ha especulado que tal viaje podría llevarse a cabo el fin de semana del 4 de julio. Virgin no ha hecho declaraciones al respecto, pero sea como sea, no cabe duda de que la carrera espacial entre compañías privadas ha cobrado estos últimos meses el máximo interés: Branson y Bezos empiezan a recordarnos a Hamilton contra Alonso. Sólo falta que se anime Elon Musk.

José María Filgueiras Nodar

La nave SpaceShipTwo de Virgin Galactic (en el centro) acoplada a la nave nodriza WhiteKnight2 dentro de un hangar de la compañía .

Mundos alienígenas (serie de 2020)

Esta mini serie británica es más que capaz de animarnos una de esas aburridas tardes de pandemia, con entretenimiento serio y basado en la ciencia. Su punto de partida es la aplicación de las leyes que rigen la vida en nuestro planeta a lugares del universo con condiciones diferentes, concretamente a cuatro exoplanetas ficticios (cuyos nombres titulan los episodios):
• Atlas: un planeta con el doble de gravedad de la Tierra.
• Janus: con una franja de eterno crepúsculo entre un hemisferio perpetuamente iluminado y otro en permanente oscuridad.
• Edén: que orbita un sistema de estrellas gemelas
• Terra: más antiguo que la Tierra, orbita una estrella que envejece.

La serie explora el modo en que la vida habría evolucionado en estas condiciones, combinando el formato documental (con la participación de destacados expertos en astronomía, exobiología y otras disciplinas científicas) y las partes en que se describen e ilustran las modalidades de vida en los exoplanetas a través de animaciones generadas por computadora. Esta segunda parte me recordó a otro interesantísimo conjunto de documentales que salió a principios de siglo: The Future is Wild, que imaginaba cómo iba a evolucionar la vida en Tierra después de cinco, cien y doscientos millones de años.

Relacionar los exoplanetas con el turismo espacial es totalmente ciencia ficción, dadas las distancias que se manejan. Proxima b, considerado por ahora el exoplaneta más cercano a la Tierra, se encuentra a una distancia de 4.23 años luz, lo cual es realmente poco a nivel astronómico. Cuando lo vemos en kilómetros, la cosa cambia, pues se trata aproximadamente de unos cuarenta billones (40,000,000,000,000) de kilómetros. Y éste es el más cercano… Sin duda, es posible que se produzca alguna revolución tecnológica que permita salvar esa limitación de las distancias, pero parece muy dudoso que la vayamos a ver pronto. De hecho, seguimos encerrados todavía en las enormes dificultades que plantea algo tan aparentemente simple como salir de la atmósfera, es decir, subir por encima de cien kilómetros.

De todos modos, siempre es interesante pensar a futuro, como ejercicio de imaginación científica. Y desde luego, sirve para aprender mucho acerca de la vida en la Tierra tal y como la podemos admirar hoy mismo.

Por todo ello, es una excelente recomendación para otra tarde de confinamiento….

“El otro México” de Fernando Jordán

En esta pandemia he recuperado un antiguo amor por la lectura, de modo que casi todos mis ratos de ocio los pasé leyendo, algo que no había podido hacer desde muchos años atrás. Así, durante esta larga cuarentena, me dediqué a leer vorazmente: de Yuval N. Harari a Jack Ketchum, y de Manuel Vázquez Montalbán a Karl G. Jung. Mientras escribía esta entrada, he comenzado a releer La montaña mágica, que tenía olvidada en algún lugar de mi mente desde la adolescencia.

De esa larga lista, uno de los libros que más he disfrutado, quizá el que más, ha sido el que da título a esta entrada. Había oído de El otro México hace muchos años, mientras preparaba un artículo sobre ética periodística, en el cual daba una interpretación de la misma basada en la obra de Richard Rorty. Según este filósofo, y resumiendo muchísimo, la manera de conseguir que el mundo sea un lugar mejor es hacer que la gente amplíe el círculo de sus lealtades morales, es decir, que se preocupe cada vez más por personas que no son sus seres queridos. Esta es una idea conocida de antiguo, pero creo que la novedad más interesante de Rorty tiene que ver con los mecanismos capaces de expandir el círculo, pues, en lugar de apostar por la filosofía o las leyes, este autor apuesta por una educación sentimental llevada a cabo por la literatura, en un concepto ampliado de la misma que abarca, además de la literatura propiamente dicha, muchas otras cosas, como el cine o por supuesto el periodismo. De este modo, cualquier reportaje (documental, novela, etc.) que mueva nuestros sentimientos puede hacer que nos impliquemos moralmente. Y, así, puede encaminarnos hacia lo que Rorty llama progreso moral.

Sólo por poner un par de ejemplos, porque literalmente hay cientos, vean este artículo sobre refugiados sirios en Europa, o este documental sobre la industria de la carne de cerdo. Creo que ambos son capaces de cambiar el modo de pensar de mucha gente acerca del vegetarianismo o la ética de la migración, a través de la influencia ejercida sobre los sentimientos.

Esto nos trae de regreso al exitoso libro del antropólogo y periodista Fernando Jordán (1920-1956), una obra que puso al público de México frente a la realidad y los problemas de una zona que en 1951, cuando se publicó, era prácticamente desconocida para todo el país. La mejor forma de describirlo es atender al subtítulo, “Biografía de Baja California”, porque eso es precisamente lo que es. El libro elabora una completa biografía de la Península, comenzando por sus orígenes legendarios y su discurrir histórico. Así, se refiere a las gestas de Vizcaíno y al papel de los misioneros en la conquista espiritual del territorio; también a los intentos por convertir a Baja California en territorio norteamericano.

Pero la historia es tan sólo un tema introductorio. El grueso del libro se dedica a exponer un recorrido a lo largo de la Península, en un tiempo anterior a la construcción de la carretera, cuando la única forma de viajar por gran parte de Baja California era cruzar el desierto por una brecha sin asfaltar.

Aunque la variedad de temas y la calidad de la narración dan ganas de hacerlo, no voy a dar una descripción detallada del contenido del libro, únicamente señalar algunos de los interesantes temas tratados, como el modo en que las ciudades del norte peninsular invirtieron muy adecuadamente en su futuro los ingresos generados por diversas actividades ilícitas, las incursiones por mar en busca de ballenas o la descripción tan triste que proporciona de los elefantes marinos. También la división entre dirigentes y trabajadores mineros en Santa Rosalía, la prisión de puertas abiertas de Mulegé, o la tierna historia de las truchas de Mr. Utt. Por no hablar de Comondú, el pueblo con olor a vino y aceite que para Jordán se convierte en el último paraíso de la Tierra.

Cuando se escribió, el libro quería ser actual y basado en percepciones vivas, alejándose del tono de una monografía histórica y más cercano a un reportaje, pero con los casi 70 años que han pasado desde su publicación, la obra adquiere un significativo peso histórico. Asi, en la misma se pueden ver los orígenes de muchos factores que hoy protagonizan la actividad de Baja California, como el turismo, las maquilas, la pesca (profesional y también deportiva) o por supuesto la migración.

Con todo, la parte del libro que más disfruté fue el recorrido en automóvil. Y creo que lo disfruté aún más por el hecho de estar en medio de la pandemia. Me imaginé al volante de un todoterreno, como el propio Jordán, recorriendo aquellos espacios infinitos de la Tierra de Nadie. Viendo los mismos pueblos, las mismas bahías, y hablando con los mismos fayuqueros.

Esa fue, como digo, la parte del libro que más disfruté, la que Jordán se pasa al volante. Fue la que me hizo dosificar la lectura, haciendo que cada tarde me pusiera a leer con la devoción de un gamer ante su videojuego favorito. A veces, en este mismo espíritu, completaba el viaje con vistas de Google Maps. Desde luego, sería mucho mejor el irme a recorrer la carretera. Las circunstancias no son las más adecuadas, ni mucho menos, pero es bueno pensar que algún día, cuando regrese la normalidad, muchos de los paisajes descritos por Jordán estarán ahí para ser descubiertos nuevamente.

Mientras llega ese día en que el sueño se haga realidad, si es que llega, releer ciertos pasajes de El otro Mexico tendrá que servir de consuelo.

El libro está disponible en la web del Archivo Histórico de Baja California Sur. Puedes descargarlo en este ENLACE.

Fosfina en Venus y turismo espacial

La noticia impactó a todo mundo. Y es que los datos son los que son, y vienen además muy contrastados, por más que, desde luego, requieran de mucho, muchísimo trabajo ulterior. Como ya tod@s sabemos, un equipo internacional ha detectado fosfina en la atmósfera de Venus. En este enlace pueden ver el artículo, no se pierdan la Información Suplementaria, donde se discute en detalle la hipótesis de la vida en Venus, así como las demás posibilidades de producción de fosfina.

Según dicen los científicos, la maloliente fosfina es una molécula que, en las condiciones actuales del conocimiento, se asocia de modo directo con la actividad biológica. De modo que las cartas de la vida extraterrestre se han vuelto a poner sobre la mesa. Y no en Marte, planeta que concentraba gran parte de las apuestas, sino en ese gemelo malvado de la Tierra que es Venus (donde también, por cierto, se llevaba décadas contemplando esa posibilidad, si bien restringida a la atmósfera, no a las temperaturas infernales de la superficie del planeta). Probablemente, en las oficinas de varias agencias espaciales ya se estén discutiendo los detalles para nuevas misiones a Venus, o retomando misiones que estaban abandonadas en algún cajón.

Desde luego hay que ser extremadamente cautelosos. La posibilidad de que exista vida extraterrestre (o vyda, según la caracterización renovadora de Bartlett y Wong, disponible aquí) es algo terriblemente emocionante, pero es mejor esperar y ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Pase lo que pase, seguro que se van a descubrir muchas cosas acerca de Venus, acerca de la química planetaria, etc., etc.

Seguro también que hay conspiranoicos diciendo que todo esto tiene que ver con el coronavirus. “¿Descubren algo así en plena pandemia? Tiene que ser una maniobra”. Yo creo, simplemente, que la noticia llega en un buen momento. Es decir, no me parece que sea un buen momento en general (de hecho, es justo al revés), pero sí un excelente momento para las buenas noticias, que adquieren más carisma en una situación como la presente, con toda la gente encerrada, mirándose al ombligo y pensando cosas horribles.

¿Cuáles son las implicaciones de este prometedor hallazgo para el turismo espacial? La primera es que el espacio ha vuelto a estar en la primera página de los periódicos, en los informativos, ha incendiado las redes sociales… Y eso siempre es bueno. En este caso, parece un excelente espaldarazo para la exploración espacial. Este tipo de noticias hacen que la sociedad vuelva a interesarse por el espacio, lo cual es siempre beneficioso para el turismo espacial.

Otra implicación se refiere a las vocaciones científicas que aparecerán ante una noticia como la presente, no digamos ya si en algún momento se llegase a confirmar la existencia de vida en Venus. Puedo imaginarme a muchos y muchas alumnas de preparatoria decidiendo en estos mismos días que van a estudiar Física o Bioquímica, sólo a causa de esta noticia. Y a cientos de niñxs que, debido a la misma, descubrirán por primera vez  el poder y la belleza de la ciencia. Este asunto de las vocaciones científicas creo que es de vital importancia, por supuesto para el turismo espacial, pero también para el futuro de la especie. A pesar de los problemas que sin duda existen, pocas empresas humanas son tan nobles como la ciencia.

Una tercera tiene que ver con los posibles flujos de inversión hacia la exploración espacial, los cuales pueden ser canalizados hacia empresas privadas, teniendo en cuenta el modo en que algunas de éstas (por ejemplo Space X) se han involucrado con las agencias gubernamentales. Si un mayor interés por el espacio hace que se produzcan más misiones, el papel de las empresas privadas podría fortalecerse. En cualquier caso, también se hará patente la necesidad de seguir abaratando los lanzamientos.

Por todo ello, el descubrimiento de fosfina en Venus, más allá de su alcance científico, debe ser visto como una excelente noticia para el turismo espacial.

Disciplina espacial

Dejaré para otro momento el comentario sobre las últimas hazañas de SpaceX, porque ya se ha hablado mucho sobre ello. En su lugar, quiero hacer un comentario acorde con estos tiempos del COVID.

La pandemia es un desastre, se mire como se mire. Todo lo escasamente bueno que se pueda decir de la misma no compensa ni una millonésima parte del desastre que es, comenzando, como es lógico, por las enormes cifras de muertos y afectados. Un desastre. Pero tampoco se trata de que nos enfoquemos únicamente en esto. Hay que buscar el lado bueno”, para no desesperarnos.

Así, el otro día, entre otros muchos pensamientos ociosos, me pregunté si la pandemia puede considerarse un buen momento para comprobar que somos capaces de mantener el nivel de disciplina y autocontrol necesario, por ejemplo, a la hora de llevar a cabo un viaje espacial (pensando más bien en esos viajes de ciencia ficción a otros planetas). La pandemia representa un reto sobradamente difícil y exigente, de modo que la pregunta, salvando las múltiples diferencias, tiene cierto sentido. Mucho más en una tarde de confinamiento.

Lo primero que debo decir es que he seguido todas las recomendaciones de la OMS y demás organizaciones serias. Cuando había lagunas o contradicciones, usé principios precautorios, siempre en la dirección de una mayor seguridad. Además, cumplí a rajatabla todos los protocolos que me he impuesto, basados en dichas recomendaciones. Esto vale para todo: limpieza de zapatos, sanitización de suelos, lavado de ropa, estornudos de etiqueta, uso de cubrebocas y pantalla, etc., etc. Todo lo que quieras.

Sin embargo, he tenido un par de fallos leves, muy al inicio de este quilombo. Cosas como tocarme la cara después de haber tocado algún objeto ubicado en un lugar público… Y tuve un fallo grave. Tonto y grave.

Estaba haciendo deporte, corriendo dentro de la casa. Mi esposa salió a comprar y una hoja de papel se escapó de la casa, llevada por la corriente. Me lancé a por la hoja sin pensar, la pisé y en ese momento la puerta se cerró estrepitosamente detrás de mí. Fue todo muy rápido: si fuese un portero de fútbol me habría pasado de reflejos. Y ahí estaba, sin llaves, sin celular, sin alcohol, sin mascarilla. Por suerte, estaba vestido.

Después, un vecino me prestó su celular para llamar al cerrajero, a quien tuve que esperar unos quince minutos en el vestíbulo del edificio. Se trata de situaciones que, en otras circunstancias, habrían sido perfectamente normales, pero que en estos días de pandemia se leen de otra manera. Así, una potencial fuente de contagio, sin cubrebocas, me prestó un objeto tal vez tapizado de virus, objeto que sin duda acerqué demasiado a mi boca y mis ojos para hablar, sin mascarilla, ni pantalla, ni gafas, ni nada, ni siquiera alcohol para desinfectarme las manos. Luego bajé al vestíbulo, pasé prácticamente pegado a dos personas sin protección en un estrechamiento del pasillo, y estuve un cuarto de hora al lado de otras cuatro personas sin protección alguna, que estuvieron además hablando en voz muy alta, riéndose y en ocasiones carraspeando o tosiendo.

En esos momentos, me costaba creer que no me fuera a contagiar. Luego pensé “estadísticamente”, recordé las cifras de contagios en mi localidad y se me pasó un poco el yuyu. Pero estuve muy atento los catorce días que siguieron a este fallo, comportándome como si me hubiera contagiado, es decir, con medidas de seguridad bastante más fuertes que las normales. Desde luego, un error de esta magnitud me habría costado la vida en el espacio. Afortunadamente, en la pandemia pasó sin problemas..

Pero la lección está clara: son malos momentos para casi todo, pero buenos para seguir ejercitando la disciplina. No es que ésta sea El Valor Supremo, o algo por el estilo, pero a veces es bueno entrenarla, como si fuera un músculo. Y el COVID nos da una buena oportunidad para ello.

José María Filgueiras Nodar

Universidad del Mar

TodXs con SpaceX

Aquí les dejo un enlace para ver en directo el lanzamiento de la Crew Dragon de SpaceX. Hoy puede ser un día muy importante para el futuro de la exploración espacial,  si el clima lo permite, esperemos que la segunda sea la buena!!!!!

El titán (o quiénes son los ¿humanos? que dominarán otros mundos)

Hace unos días, en pleno confinamiento a causa del coronavirus, estuve viendo la película El titán (2018, dirigida por Lennart Ruff). Sin spoilers, les cuento que esta obra está ambientada en el año 2048, cuando el planeta se ha ido al carajo entre la sobrepoblación, las guerras y el deterioro ambiental. Las previsiones son desoladoras: “nuestros hijos conocerán el fin de los tiempos”, dice uno de los personajes. Ante esta perspectiva, los científicos están buscando otro lugar para que la especie humana comience de cero y se han fijado en Titán. Esta luna de Saturno, el segundo satélite del sistema solar, una luna que es, de hecho, más grande que el planeta Mercurio, posee un ambiente muy hostil para el ser humano, con temperaturas extremadamente frías, lagos de metano líquido y una atmósfera compuesta mayoritariamente de nitrógeno. En la película se dice que es una atmósfera muy semejante a la que tenía la Tierra en los momentos inmediatamente anteriores al origen de la vida, vaya usted a saber…

En lugar de terraformar el planeta, como se ha propuesto con Marte, aquí los científicos de la OTAN siguen un enfoque diferente: modificar genéticamente a los humanos para que se adapten a vivir en ese ambiente tan distinto al de la Tierra. Y la película narra el modo en que un militar, acompañado de su familia, vive este proceso de entrenamiento y modificación (o “evolución forzada”, como lo caracterizan) junto con un grupo de voluntarios, en una base militar en el Atlántico.

No seguiré contando más; en lugar de ello quiero poner en relación lo visto en este filme con unas reflexiones de Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens: “La mayoría de los argumentos de ciencia ficción describen un mundo en el que sapiens idénticos a nosotros gozan de una tecnología superior […] Pero el potencial real de las tecnologías futuras es cambiar al propio Homo sapiens […] De hecho, los futuros amos del mundo serán probablemente más diferentes de nosotros de lo que nosotros somos de los neandertales”. Si bien debemos referirlas a los futuros amos de Titán, porque en la película nuestro planeta ya no sirve para nada, estas consideraciones vienen que ni pintadas.

La primera vez que las leí, confieso que la cosa no me gustó demasiado. Queremos humanos-humanos en el espacio, y no cosas raras. Después, pensé que como especie ya hemos experimentado muchas modificaciones genéticas, de modo que no era para tanto. Sin duda, la diferencia va a ser patente, pero probablemente siga dentro de este devenir…

Ahora, al ver la película que estoy comentando, recordé esa dicotomía planteada por Bruce Sterling (yo la leí en Crystal Express), las facciones de formadores y mecanicistas, una humanidad dividida en el futuro entre quienes han apostado por explotar todo el potencial de la genética y quienes optan por apoyarse en las máquinas para mejorarse como especie. Así, mientras los formadores diseñan seres humanos con cocientes de inteligencia superiores a 200 y cuerpos literalmente perfectos (sin defecto alguno y con todos los órganos y sistemas potenciados), los mecanicistas se vuelven cada vez más parecidos a las máquinas, a través de todo tipo de implantes. Evidentemente, el enfoque de la película es formador.

Este aspecto, unido a la lectura ecológica que sin duda está presente en El titán, también la pone en relación con otra película reciente, como es Downsizing (2017, dirigida por Alexander Payne), en la cual muchos humanos deciden reducir en gran proporción su tamaño, impulsados por la perspectiva de vivir una vida de extremo lujo en centros de ocio creados para estos nuevos y diminutos millonarios, quienes debido a esa reducción pueden permitirse un tren de vida muchísimo más elevado. Como es fácil de entender, con una altura aproximada de 13 cm pueden vivir en casas (cajas de muñecas) extremadamente lujosas, una mota de diamante puede convertirse en una joya espectacular, y así sucesivamente, con cualquier otro producto.

Resulta curioso que, en la vida real, lejos de lo hollywoodense, también existan propuestas semejantes. Matthew Liao, un profesor de bioética, propone diversas alternativas de lo que denomina “ingeniería humana”, entre ellas el desarrollar a través de diversos métodos (selección de embriones, tratamientos hormonales para provocar que el cartílago del crecimiento se cierre antes de lo normal) seres humanos de menor tamaño, dado que de éste depende parcialmente la huella ecológica que se genera. La reducción que propone Liao  es mucho más realista, pero no deja de ser efectiva: 15 cm menos de altura representan para los hombres una disminución del matabolismo de un 15%, con la consiguiente disminución en el consumo de energía y recursos.

Por cierto, aunque en Downsizing la razón fundamental para reducirse sea el egoísmo de toda la vida (el beneficio al planeta parece surgir por un mecanismo algo similar a la mano invisible) y según Liao parece tratarse de una razón de tipo ético, para personas convencidas de que hay que frenar el cambio climático, en ambos casos la decisión es voluntaria.

No sé si la miniaturización vaya a ser el camino para resolver los problemas ambientales y, volviendo a El titán, tampoco conozco el grado en que se pueda y se vaya a utilizar en la exploración espacial la modificación genética, la cual en principio podría ubicarse éticamente dentro de un amplio espectro, extendido desde las peores barbaridades eugenésicas hasta una mera prolongación del entrenamiento de los astronautas. El titán explora alguno de los problemas que surgen al adoptar esta estrategia y, hasta cierto punto, me parece que deja planteada la existencia del mencionado espectro. Desde luego, es una obra que puede estimular su mente en este periodo de cuarentena.

Acerca del coronavirus, la experiencia del confinamiento, o el impacto de la pandemia sobre el turismo, tal vez escriba en otro momento.