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3 de diciembre de 2018: un día espacial

El pasado 3 de diciembre, fue un día especial… y espacial. Tanto, que me han dado ganas de volver a escribir en este blog, para presentar las dos grandes noticias con las que arrancó la semana.

La primera, desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajstán): el lanzamiento de la Soyuz MS-11 con destino a la Espación Espacial Internacional, llevando a bordo a  Anne McClain (de la NASA), Oleg Kononenko (de Roskosmos) y David Saint-Jacques (de la Agencia Espacial Canadiense). Ellos constituyen la denominada Expedición 58, que permanecerá seis meses y medio en la Estación, sustituyendo a la tripulación actual. Como sabemos, el pasado 11 de octubre la nave Soyuz tuvo que abortar el despegue, por fortuna sin que este accidente dañara a los dos astronautas que viajaban en ella. El día de ayer todo salió según lo previsto y ahora que escribo este texto los astronautas ya están dentro de la Estación.

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El despegue de la Expedición 58 (créditos: NASA/Aubrey Gemignani)

La segunda noticia llega desde la base de la Fuerza Aérea estadounidense de Vandenberg, en California, de la mano de SpaceX, que utilizando el mismo cohete Falcon 9 B1046 que había volado ya el 11 de mayo y el 7 de agosto de este año, logró poner en órbita 64 satélites al mismo tiempo, todo un reto logístico.

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Cohete Falcon 9 (créditos: NASA/Jim Grossmann)

Sin duda, cada uno de estos triunfos puede leerse como “buenas noticias” para el turismo espacial. En conjunto, constituyen una excelente manera de cerrar el año. Más aun teniendo en cuenta que se han producido una semana después del exitoso descenso en Marte de la InSight y el mismísimo día en que la sonda Osiris-Rex arribaba al asteroide Bennu. Esperemos que el año 2019, que ya está al caer, siga asombrándonos con esta intensidad.

Peticiones de mano … en la Luna

ApoteoSurprise es una compañía francesa que se dedica a organizar peticiones de matrimonio, fundada en 2006 por Nicolas Garreau, a quien la prestigiosa publicación La Tribune caracterizó como “Cupido 2.0”. Según cuenta en su web, este escritor e ingeniero aeronáutico de formación quiso compartir su creatividad y originalidad para dichas tareas con todos los hombres en la tesitura de declarar su amor o pedir matrimonio (algo que al parecer asusta a un 80% de los hombres “más que los tiburones”, de acuerdo con la misma fuente). Una idea, confiesa, inspirada por los cuatro años que pasó durante su adolescencia en Venecia, cuando se volvió un romántico empedernido.

ApoteoSurprise ofrece treinta escenarios, todos ellos encaminados al mismo objetivo: “deslumbrar a tu amada”. Los escenarios son muy variados, pero en mi opinión bastante tradicionales, con restaurantes, fuegos artificiales, la ópera, estadios de fútbol, la torre Eiffel… En general, me parecieron ideas elegantes, aunque hay alguno de ellos, como La carroza de Cenicienta, que superan con mucho mis capacidades de apreciación… Creo que la caracterización de “peticiones hollywoodenses” reconocida por la misma empresa aplica tanto para bien como para mal.

Los precios son muy variables: lo más barato es, por 290 euros, mandar a casa de tu amada un mago disfrazado de repartidor, que con algunos trucos le entregará tu mensaje. Si estás dispuesto a gastarte 19,900 euros, puedes impresionarla haciendo que dos aviones tracen un enorme corazón en el cielo, mientras bebes champán, después de haber cruzado París en un Bentley MK6 Milord de 1935 y de haber disfrutado de una de las mejores comidas de tu vida.

Como puede verse, hay para todos los gustos y para todos los presupuestos. El éxito de la empresa es innegable, con más de 1,800 servicios prestados, y menciones en los medios de comunicación de más de cien países.

Pero a este blog le interesa especialmente uno de los escenarios, el más caro y también el más impresionante, ni más ni menos que un vuelo alrededor de la Luna que prácticamente replica la misión Apolo 8 . El viaje, que se inicia con un lanzamiento desde Cabo Cañaveral, se lleva a cabo en aproximadamente una semana, en la cual una pareja, en completa intimidad, recorre medio millón de kilómetros, teniendo ante sí las espectaculares vistas de la Luna y la Tierra desde el espacio.

La empresa ha pensado en todo, incluyendo la banda sonora: poco después del lanzamiento, al comenzar a sentirse los efectos de la microgravedad, sonará la conocida “Así habló Zaratustra”. En el punto culminante del viaje, es decir, cuando la nave sobrevuela a unos doscientos kilómetros de altura la cara oculta de la Luna, treinta minutos en los cuales no hay comunicación alguna con la Tierra y que son el momento elegido para que se realice la petición de mano, con un anillo estratégicamente oculto en el traje de astronauta, en ese preciso momento comenzará a sonar “Fly me to the Moon”, de Frank Sinatra.

El escenario incluye tres meses de entrenamiento (incluyendo simuladores de gravedad elevada, vuelos en un jet a más de Mach 2, maniobras de emergencia, etc.), el cual se lleva a cabo después de haber pasado las pruebas físicas, que supongo serán bastante exigentes.

ApoteoSuprise cobra 125 millones de dólares por esta experiencia, que considera estará disponible en 2022. Desconozco el modo en que Garreau habrá efectuado sus cálculos; un dato esperanzador al respecto es que Space Adventures espera lanzar su primera misión circunlunar a principios de la década de 2020, pero al paso que ha ido hasta ahora el turismo espacial, cuesta creerlo. Así que sólo nos resta esperar.

Para animar la espera, podemos imaginar finales felices y no tan felices para esta clase de vuelos. Imagínate: tres días en el espacio con tu amorcito, y he aquí que en el momento cumbre del viaje, le pides la mano a tu princesa. Y ella que te responde: “gracias por esta experiencia, pero no”. O peor: “¿quéeeeeee? ¿Estás idiota? ¿Y para eso me has traído aquí? ¡Mejor hubiéramos comprado un yate!”. O la última: “no quiero verte más, sácame de esta maldita nave”. ¡Qué miedo!

José María Filgueiras Nodar

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Foto de la NASA (http://nasa.gov)

Guerra, espacio y crisis ambiental

El 12 de septiembre de 1962, el presidente John Fitzgerald Kennedy pronunció en la Universidad de Rice  uno de sus discursos más recordados, el famoso “Moon speech”, en el cual afirmó que los Estados Unidos enviarían una nave a la Luna antes del final de aquella década, algo que en su opinión se hacía no por ser fácil, sino por ser difícil. Pese a las enormes dificultades, como sabemos, Estados Unidos sí consiguió que una de sus naves llegara a nuestro satélite antes del final de la década, tal y como Kennedy había prometido.

La llegada del Apolo 11 a la Luna el 20 de julio de 1969 fue, entre otras muchas cosas, un hito de gran importancia en el transcurso de la Guerra Fría, y éste es el aspecto que exploraré en esta entrada. Tom Wolfe, en “Elegidos para la gloria”, nos recuerda que la carrera espacial entre  EE.UU y la URSS había comenzado con una serie de éxitos para los soviéticos, y que permitir a éstos llegar a la Luna en primer lugar habría sido considerado una humillación por EE.UU. Desde esta perspectiva, se trataba una cuestión de honor, que por supuesto traía también aparejadas cuestiones relativas al liderazgo internacional de cada país, y a otras muchas dimensiones específicas de la Guerra Fría, como la propia superioridad tecnológico-militar. Por ejemplo: algunos años después, como comenta Spudis a este respecto, a los soviéticos les resultaría más fácil temer las posibilidades de la Iniciativa de Defensa estratégica –la denominada “Guerra de las Galaxias”– después de haber observado el éxito del proyecto Apolo.

Tal éxito implicó la superación de numerosos desafíos tecnológicos y de organización. Supuso asimismo un enorme esfuerzo para la economía norteamericana, con un costo de 25 mil millones de dólares (que en dólares de hoy representarían la escalofriante cantidad de 115 mil millones). Cabría preguntarse por la motivación capaz de lograr que todo un país se concentre de esta forma en un solo objetivo. En los Estados Unidos de la década de los 60, no dudo que mucha gente entendiera los esfuerzos por llegar a la Luna como parte de una guerra en la que se hallaba en juego la supervivencia ideológica, del modus vivendi, e incluso física. Y pocas motivaciones son tan fuertes como el deseo de supervivencia.

Actualmente, la humanidad enfrenta un reto tan o más amenazador: la crisis ambiental. ¿Podría este reto ser capaz de impulsar una nueva carrera espacial, que nos lleve más lejos de la Luna? Sé que hay mucho que reflexionar al respecto, sé que dicho así provoca muchas dudas, pero de momento sólo quiero dejar planteada la pregunta…

José María Filgueiras Nodar

¿Realidad Virtual en la promoción del turismo espacial?

Uno de los problemas que suelen aparecer en los estudios de mercado sobre el turismo espacial es que resulta muy difícil explicar el concepto de un modo claro. Las descripciones verbales, como las famosas descripciones positiva y negativa del estudio de Futron & Zogby, aclaran mucho el significado de esta modalidad turística. Pero por experiencia de numerosas clases sobre el tema, sé que un buen video hace que las cosas se entiendan mucho más fácilmente. Por ejemplo, este video de Virgin Galactic reproduce con bastante exactitud la experiencia que esta empresa ofrece como característica, de modo que quien lo vea se hará una idea muy ajustada de la misma. Una idea, desde luego, determinada por los límites de la comunicación audiovisual, que no permiten mostrar más que indirectamente aspectos como la aceleración, las fuerzas G o la ausencia de gravedad. Sin embargo, como decía, es una idea mucho más realista de la que se puede obtener con una descripción meramente verbal.

Hace unos días me encontré con este artículo de The Guardian , acerca de la creación de SpaceTime Enterprises, una iniciativa que pondrá las vistas del planeta, tal y como se experimentan desde la Estación Espacial Internacional, al alcance de cualquiera a través de la Realidad Virtual. Las imágenes que proporcionará son de la misma resolución que tendríamos con nuestros ojos, si estuviéramos allí. SpaceTime Enterprises planea lanzar su primer satélite en septiembre de 2019. Durante los siguientes tres a cinco años seguirá lanzando más satélites y haciendo crecer su base de datos, hasta llegar a una cobertura prácticamente completa de toda la Tierra, poniendo estas imágenes a disposición no sólo de los turistas virtuales sino también para la realización de negocios e investigación científica.

Así pues, esta empresa pondrá el turismo espacial al alcance de un mercado de consumidores mucho más amplio del que hoy por hoy pudiese acceder a los productos de turismo espacial de Virgin, XCOR o Blue Origin, habida cuenta de la gran diferencia de precios. Mi reflexión, sin embargo, tiene que ver con estos últimos productos de turismo espacial suborbital, o sea, con los que llevan a pasajeros de carne y hueso fuera de la atmósfera terrestre.

Dicha reflexión está muy clara: la Realidad Virtual es señalada por muchos expertos como la herramienta definitiva para promocionar nuevos productos. En el caso particular del turismo, permitirá experimentar nuevos destinos de un modo muy completo y convincente. Esta tecnología se ha llegado ya a considerar una solución para evitar los impactos negativos del turismo en destinos cuya situación es tan delicada como la Isla de Pascua o la ciudad de Venecia, y en general para contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el turismo, que representan un 8% del total mundial. En el caso de un producto tan nuevo como el turismo espacial, tan extraño a nuestra experiencia cotidiana, sus ventajas saltan a la vista. El turismo espacial requiere todavía darse a conocer en gran medida y la Realidad Virtual es una herramienta extremadamente útil para semejante tarea.

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Foto de Tim Savage

 

El carácter inmersivo de la Realidad Virtual permite a los usuarios explorar cualquier destino de un modo muy semejante a como lo harían si estuviesen físicamente en el mismo. Cabe esperar también que, a medida que la tecnología vaya mejorando, las experiencias sean cada vez más realistas, especialmente teniendo en cuenta las posibilidades de la tecnología háptica, que involucra al sentido del tacto. En otro orden de ideas, la apuesta de Facebook por la Realidad Virtual aporta un contexto empresarial muy interesante, en el cual el uso de tales dispositivos será  el pan nuestro de cada día.

Desde luego, en este punto nos encontramos con lo que podríamos denominar la “triste realidad” del turismo espacial suborbital, es decir, que los primeros vuelos suborbitales comerciales todavía no han despegado. Debido a esta triste realidad, tal vez las empresas no den mucha importancia a la promoción.

No me parece un buen argumento, y tampoco creo que las empresas de turismo suborbital piensen así, puesto que son plenamente conscientes de que una mayor difusión del producto puede ser muy beneficiosa no sólo de cara al futuro, cuando los precios presumiblemente comiencen a bajar y el producto se vaya convirtiendo en masivo, sino desde ya mismo. Además, el gasto no es demasiado elevado, en comparación con los costos de desarrollar el turismo espacial propiamente dicho (piénsese que SpaceTime Enterprise arranca con un capital de apenas 2,5 millones de libras), y podría ayudar a promocionar el turismo suborbital a una escala masiva, cuando sea necesario.

Tal promoción podría manejarse en varios niveles: pequeños spots para Facebook y otras páginas web, uso de simuladores sencillos en ferias y exposiciones, etc. Podría contactarse con empresas como la que acabo de mencionar, u otras con proyectos semejantes, como Earth-i o SpaceVR, que lanzó ya su primer satélite en 2016, y colocar sus productos dentro de las experiencias virtuales que éstas ofrecen. Vender viajes virtuales mucho más realistas, en simuladores complejos de la experiencia ofrecida por las empresas de turismo suborbital y tal vez acompañar virtualmente a los participantes en un vuelo suborbital –incluso compartiendo los gastos con los mismos– serían otras posibilidades, más allá de la propia promoción, pero también de gran interés. A través de cualquiera de las citadas, o las muchas otras que sin duda se desarrollarán, el turismo espacial suborbital sería dado a conocer de un modo completo y realista.

Sea como sea, parece que la realidad virtual ha llegado al mundo del turismo para quedarse, y probablemente para ocupar una posición de gran importancia en la promoción turística. El turismo espacial no debería quedarse atrás a la hora de adoptar esta tendencia; creo que cualquier observador atento apostaría a que se utilizará más y más en los próximos años.

José María Filgueiras Nodar

 

Lisas, Marges, Homeros y Barts: ¿qué opina la gente de la exploración espacial?

Hay dos tipos de personas: quienes disfrutan de categorizar a las personas, y quienes no. Para nosotros, los del primer tipo, construir tipologías siempre es divertido e interesante, lo mismo que conocer las establecidas por otros miembros de nuestra categoría.

Este fin de semana recordé las segmentaciones según el estilo de vida hechas por los mercadólogos, no tanto las tipo VALS2 (que son muy útiles) sino las que tienen un punto más creativo. En un libro, no recuerdo si de Kotler o de algún otro erudito de la mercadotecnia, leí acerca de un estudio que había segmentado el mercado ruso de los años noventa utilizando personajes como los cosacos, que gastaban más de lo que ganaban, fumaban Dunhill y andaban en BMW, y las almas rusas, personas austeras y sufridas, que se lo pensaban dos veces hasta para comprarse un pedazo de pan.

Con ejemplos como éstos en mente, me puse a pensar en cómo podría construirse una categorización referida a las opiniones de la gente ante la exploración espacial. No sobre el turismo espacial, sino sobre la exploración espacial, porque, querámoslo o no, ésta es hoy por hoy algo mucho más cercano a la experiencia cotidiana que el turismo espacial.

Y se me ocurrió la siguiente categorización. A nadie se le escapará lo mucho que le debe a los Simpson. Por cierto, quien dude acerca de la utilidad académica de esta magnífica serie, puede comenzar leyendo Los Simpson y la filosofía. Pero vamos ya con la categorización:

  • Homeros: No entienden nada de nada y probablemente se burlan de todo. Pueden dar razones a favor, lo mismo que en contra, sin coherencia alguna, dependiendo de la coyuntura e incluso de los caprichos del momento (especialmente de los caprichos del momento). Sé que es algo injusto con Homero, quien en un episodio visita la Estación Espacial Internacional, pero el tono general del personaje justifica el que dé nombre a esta categoría.
  • Marges: Preocupad@s por el bienestar de su familia, por la vida cotidiana en la Tierra, por la economía. En ocasiones, podrían estar a favor de la exploración espacial, pero sólo en tanto esta inversión produzca resultados en la Tierra. “Más teflón y menos fotos de Plutón”, podría ser un lema para estas personas.
  • Lisas: Fanátic@s de la exploración espacial, por pura curiosidad científica. A los miembros de esta categoría les resulta extremadamente difícil entender que existan personas para quienes explorar el espacio no representa el sentido de la vida. “¿En serio existen? Me estás bacilando… Ya déjame volver con mi telescopio”.
  • Barts: Son quienes ven el lado aventurero de la exploración espacial. Felices sobre una patineta (como el Bart original), haciendo paracaidismo o buceando entre tiburones. En palabras de Tom Wolfe, estas personas tienen lo que hay que tener, y el espacio representa para ellas la aventura extrema, definitiva, algo a lo que se puede apostar todas las cartas de su vida.

Con un poco de imaginación, estoy seguro de que podríamos sacar más personajes (Moes, Krustys, Skinners, etc.) pero por el momento creo que podemos detenernos aquí. Con esta clasificación en la cabeza, podríamos comenzar a analizar las actitudes de la población ante la exploración del espacio, y, desde luego, a chismear acerca de los personajes más destacados del mundillo espacial.

Un aviso que debe tenerse siempre presente es que casi nunca hay tipos puros; probablemente nos encontraremos con muchos casos intermedios. Seguro que Elon Musk es un Lisa, pero también parece tener cosas de Bart (especialmente cuando habla de jubilarse en Marte). Richard Branson es sin duda más Bart, pero como hombre de negocios también tiene aspectos de Marge.  ¿Y qué decir de Donald Trump, cuando habla de regresar a la Luna? ¿Es un Bart o solamente un Homero?

José María Filgueiras Nodar

Día del Recuerdo en la NASA

Hoy 25 de enero la NASA celebra su Día del Recuerdo, una tradición iniciada en 2004, en honor de los astronautas que han perdido su vida. Esta época del año, entre enero y febrero, ha sido una mala época del año para la NASA, dado que en este período se produjeron varios accidentes mortales:

  • El incendio del Apollo 1 (27 de enero de 1967)
  • La explosión de la lanzadera espacial Challenger (28 de enero de 1986)
  • La explosión de la lanzadera espacial Columbia (1 de febrero de 2003)

El hecho de que las tres tragedias se produjeran en días tan cercanos, ha llevado a la NASA a ubicar su aniversario en estas fechas. El presente año el día elegido ha sido hoy.

Los vuelos espaciales son terriblemente peligrosos, y los astronautas fallecidos son el mejor testimonio de tal peligro. Es mucho lo que la ciencia, y desde luego el propio turismo espacial, deben a estos héroes, que han sido capaces de sacrificar sus vidas por la determinación de llevar a la humanidad hacia el espacio.

Si quieres seguir el evento en vivo, te recomendamos ir a https://www.nasa.gov/specials/dor2018/

Infografía sobre el vuelo en la New Shepard

Para celebrar el éxito de la última misión del New Shepard de Blue Origin, que este pasado 12 de diciembre llevó a cabo su séptimo vuelo (el cual fue aprovechado además para llevar al espacio doce cargas con fines educativos y de investigación), quiero rescatar esta magnífica infografía de Karl Tate publicada en Space.com sobre los vuelos de Blue Origin.

blue origin, new shepard, suborbital, commercial space, space tourism, infographicFuente:  SPACE.com: All about our solar system, outer space and exploration.

Esta imagen explica muy claramente el sistema de vuelo de despegue y aterrizaje verticales de la nave New Shepard, por cierto llamada así como homenaje a Alan Shepard, considerado el primer astronauta norteamericano a causa del vuelo suborbital que realizó en 1961, y que posteriormente fue el quinto hombre en pisar la Luna (y supongo que el único en jugar golf allí).

Blue Origin era una empresa que hasta hace poco tiempo no se consideraba en el grupo de las más avanzadas en el camino a ofrecer vuelos comerciales al espacio, pero que desde finales de 2015 ha adquirido un lugar relevante en dicho grupo, debido a sus éxitos en el lanzamiento de sus cohetes reutilizables. Además, en marzo de 2016, el propietario de la empresa, Jeff Bezos, anunció que enviaría al espacio a sus primeros clientes en 2018. Aunque en octubre de 2017 reprogramó la fecha para 2019 (una práctica común en el turismo espacial), sigue siendo una de las empresas a tener más en cuenta.

Astronautas vs. turistas espaciales

Hoy he revisado los requisitos de algunas agencias espaciales para los candidatos a astronautas. La buena noticia es que, aparentemente, no son requisitos tan restrictivos. La NASA, por ejemplo, solicita ciudadanos estadounidenses:

  • Con grado universitario en Ingeniería, Biología, Física o Matemáticas. (Por cierto, avisan de que los grados en ciencias sociales no sirven para aplicar… A la filosofía ni la mencionan…¿Por qué será?)
  • Experiencia laboral de al menos tres años (sustituible por un posgrado, o por 1000 horas de vuelo como comandante de un avión a reacción)
  • Estatura entre 1.57 y 1.90 m.
  • Presión arterial inferior a 140/90 medida en posición de sentado.
  • Visión de 20/20 con o sin corrección.

Estos requisitos son más o menos los de las demás agencias, con ligeros cambios. Como decíamos, aparentemente no son tan restrictivos. La mala noticia es que sólo es una apariencia. Sobre el papel no parece tan difícil, pero luego uno ve las cifras de los astronautas realmente admitidos y claro, las cosas cambian.

La NASA presentó el pasado junio a sus Ascans (candidatos a astronautas) del año 2017: un grupo de doce personas, con unos curriculums impresionantes, elegidas de entre 18,300 solicitudes, o sea, menos de una persona por cada mil aplicantes. Este grupo tendrá que afrontar todavía un arduo proceso de entrenamiento durante dos años, después del cual podrán participar en las misiones de la NASA.

Esto ha sido así desde los inicios de la exploración espacial. Al leer libros como “Elegidos para la gloria”, de Tom Wolfe, una de las ideas que está siempre presente es que los astronautas eran una especie de superhombres.

Frente a esta opción, llamémosle “oficial”, de desarrollar una carrera como astronauta, los vuelos espaciales privados tienen muchas menos limitaciones. En principio, está el asunto del dinero: si realmente quieres volar, debes tener mucho dinero. En el caso del turismo suborbital, unos 200,000 dólares. Y luego, debes gozar de buena salud: hay una lista de condiciones que te descalifican para el vuelo, está claro que si padeces de problemas cardíacos graves, o de psicosis, no te dejarán ir al espacio como turista; pero son requisitos al nivel de las personas normales, no de los superhéroes. Por ejemplo, Virgin Galactic anunció que en su vuelo inaugural estaría presente James Lovelock, el padre de la “hipótesis Gaia”, que ya anda cerca de las cien primaveras de edad.

Cumpliendo con estos requisitos de salud y de dinero, ya puedes ir al espacio con un mínimo entrenamiento de dos o tres días.

Me dirán que el dinero es una limitante fuerte, y desde luego que lo es, pero también cabe decir que un fanático del espacio estaría dispuesto a ahorrar e incluso a endedeudarse para cumplir su sueño. Muy poca gente puede conseguir esos 200,000 dólares, si lo vemos a escala global, pero seguro que esa poca gente es muchísima más de la que podría llegar a ser astronauta siguiendo la carrera “oficial”.

Por supuesto, a los astronautas oficiales les pagan por ir al espacio, es decir, les pagan por hacer lo que más les gusta. Pero, para quien desee ir al espacio sin tener que dedicar la vida a ello, o quien sepa que de plano no cumple o no quiere cumplir los requisitos exigidos por las agencias espaciales, el turismo espacial ofrece una alternativa muy válida.

José María Filgueiras Nodar

Mars (serie de 2016)

Estoy muy ilusionado viendo esta serie  lanzada por Nat Geo el pasado año 2016; tanto, que he decidido resucitar este blog para comentarla. El concepto es muy interesante, pues mezcla la ficción con el documental, en el contexto de la llegada de los humanos a Marte. Esta parte, desde luego, es la ficticia. En ella se narra cómo un heroico grupo de astronautas, impulsados por un proyecto internacional de gran envergadura, son capaces de llegar en el año 2033 a la superficie de Marte e instalar una pequeña base, que va creciendo con la llegada de sucesivas expediciones. Justo ahí me quedé, en el inicio del cuarto episodio, en el que se promete un choque sobre las diferentes visiones de Marte entre los miembros de lo que ya comienza a ser un pequeño pueblo de alta tecnología.

La parte documental de la serie me ha parecido mucho más interesante: incluye entrevistas con personajes tan destacados en el mundillo de la exploración de Marte como Robert Zubrin o Elon Musk, además de un buen número de escritores, científicos y expertos de la NASA. Se tratan temas como los efectos del aislamiento prolongado, la misión de un año de permanencia en el espacio llevada a cabo por Scott Kelly a bordo de la Estación Espacial Internacional, o la posibilidad de que las bases en la Antártida, como McMurdo, sirvan de modelo para el establecimiento de futuros asentamientos en Marte. Las declaraciones de los especialistas sirven de apoyo a los temas tratados en la parte de ficción, de modo que la ciencia de esta serie parece sólida. Desde luego, carezco de la formación para valorarla en su justa medida, pero me ha gustado el tratamiento que hace de los detalles técnicos, por ejemplo de la búsqueda de un tubo de lava provisto de hielo para instalar allí el primer asentamiento.

La serie tiene el mérito innegable de poner ante nuestros ojos la llegada a Marte y la posterior colonización como posibilidades reales. Sitúa estas posibilidades como los enormes logros científicos y tecnológicos que serían, y además las localiza ante el trasfondo ético del peligro de un evento que pudiera causar la extinción de los seres humanos.

Habría mucho más que decir sobre la serie, pero creo que en un blog como éste, dedicado fundamentalmente al turismo espacial, mi comentario tiene que destacar que esta modalidad turística es (o será) el primer paso hacia ese futuro en el cual la humanidad pueda poblar otros planetas. Los retrasos, fallas técnicas, complicaciones, y demás, que enfrenta la industria del turismo espacial son un reflejo a pequeña escala de los problemas que se seguirán enfrentando a medida que avancemos hacia ese futuro. Pero, por muchas razones, deberíamos tener claro que no hay otro camino.