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La invasión de Ucrania y el fin de la cooperación espacial

El pasado 30 de marzo regresaron a la Tierra tres tripulantes de la Estación Espacial Internacional (EEI): los cosmonautas rusos Anton Shkaplerov y Piotr Dubrov, junto con el astronauta norteamericano Mark Vande Hei. Los tres regresaron en una nave Soyuz rusa, como las que habitualmente realizan las misiones de transporte a la EEI, pero la invasión de Ucrania y las consiguientes sanciones contra Rusia habían hecho que se pusiera en cuestión esta posibilidad, de modo que existían dudas acerca de si Vande Hei (el astronauta estadounidense que más tiempo ha pasado hasta el momento en el espacio, con un total de 355 días) realmente podría regresar a la Tierra. Un video emitido el 5 de marzo por la agencia estatal de noticias rusa RIA Novosti, el cual daba a entender a sus espectadores que el astronauta quedaría varado en la EEI, avivó en gran medida tales dudas.
Al final, Roscosmos cumplió sus compromisos y Vande Hei regresó a Tierra con el resto de la tripulación. Sin embargo, un par de días más tarde, la agencia espacial rusa declaró que no seguiría colaborando con los demás países involucrados en la EEI: cualquier posible colaboración deberá esperar al final de las sanciones contra Rusia, en especial las relativas a empresas aeroespaciales propiedad de Roscosmos.
A mi juicio, es fácil predecir que el final de las sanciones comenzará a discutirse o plantearse, al menos, después de que termine la invasión, sin que tampoco sea un “después” demasiado obvio, entre otros motivos porque no está claro cómo pueda finalizar dicha invasión y porque las sanciones se pueden prolongar mucho más en el futuro. En todo caso, Roscosmos afirmó que se trata de una decisión que ya ha sido tomada, y que ya se están analizando los plazos para finalizar esa colaboración, los cuales serán propuestos al Gobierno ruso.
De llegar Rusia a abandonar en el corto plazo el proyecto de la EEI, se podría poner en peligro la misma existencia de éste. Por un lado, debido a la dependencia de las naves Soyuz para el transporte de personas y suministros, frente a la cual sólo muy recientemente se ha comenzado a plantear una alternativa a cargo de SpaceX. Pero esta empresa, propiedad del magnate Elon Musk, todavía no posee la capacidad suficiente para cubrir todas las necesidades de transporte y, para colmo, parece estar enfrentando una delicada situación financiera.
Otro punto muy problemático es que son sistemas rusos los que mantienen en órbita a la EEI, de modo que su desconexión podría significar el riesgo de que la estación cayese sin control hacia la superficie. Dmitry Rogozin, el polémico director de Roscosmos, alertó en Twitter sobre este punto, de una manera todo menos moderada: “Si se bloquea la cooperación entre nosotros, ¿quién salvará a la estación espacial de una salida de órbita descontrolada y una caída en Estados Unidos o… en Europa?”. “También existe la posibilidad de que una estructura de 500 toneladas caiga sobre India y China. ¿Quieres amenazarlos con tal posibilidad?”.
Es posible analizar desde múltiples ángulos la situación que he venido describiendo; yo quiero destacar aquí que puede significar el final de un tiempo de colaboración entre Estados Unidos y Rusia, un tiempo del que, tal y como se percibe el panorama, probablemente estemos hablando con nostalgia en un futuro cercano. La construcción y el funcionamiento de la EEI son verdaderos prodigios de la cooperación internacional, pues en este carísimo proyecto, cuyo coste se calcula en unos 160,000 millones de dólares, participaron mano a mano las agencias espaciales de Estados Unidos, Canadá, Japón, la Unión Europea y, por supuesto, Rusia.
Estoy convencido de que muchas personas veíamos, quizá de forma ingenua, el hecho de que los dos principales rivales en la carrera espacial se hubieran convertido en socios como una expresión de que la humanidad ya había avanzado una página más allá de las disputas nacionales, ideológicas, etc., que marcaron con tanta intensidad el salvaje siglo XX. Pero también parece muy claro que la invasión de Ucrania ha cambiado esta situación, probablemente para siempre.
En este sentido, la cooperación entre Rusia y Estados Unidos (en realidad con todos los países occidentales) si es que no desaparece por completo, lo cual no es improbable, va a quedar enormemente deteriorada. La Estación Espacial Internacional es quizá el más notorio, pero hay otros muchos proyectos que tendrán que abandonarse, como el ExoMars, que estaba planeado para el próximo septiembre.
Todo indica que se trata, pues, del fin de la cooperación que se había llevado a cabo en las últimas dos décadas, además del regreso a comportamientos y retórica propios de la Guerra Fría.
Si no nos dejásemos llevar del todo por el pesimismo, podríamos pensar que fue precisamente la rivalidad entre las dos grandes superpotencias el factor más influyente para que los seres humanos desarrollaran la propia tecnología espacial o fueran capaces de llegar a la Luna. La competencia tiene un componente muy positivo y este nuevo contexto podría hacerlo surgir. Del mismo modo, se puede recordar que la invasión de Ucrania ha producido entre los países de la Unión Europea o en el seno de organizaciones como la OTAN, una fulgurante e inédita armonía, de la cual quizá puedan salir cosas buenas para la exploración espacial en el futuro. Al mismo tiempo, Rusia previsiblemente tendrá que acercarse aún más a China, también en el terreno espacial, y de este bloque podrían brotar innovaciones y misiones de gran interés.
Sin duda, es un escenario interesante para reflexionar y observar cómo se va desplegando en los próximos meses y años, pero en este punto quiero decir que, al igual que otras muchas personas interesadas en la exploración del espacio, me siento bastante triste. No creo que estas líneas de argumentación puedan siquiera consolarnos mínimamente en el momento actual. Ahora, más bien, corresponde lamentarse por todo lo que se ha perdido y lo que se va a perder de manera inmediata.
Y conste que sólo estoy hablando de la exploración espacial, un elemento hasta cierto punto marginal dentro de la nueva realidad que se está planteando en la política planetaria. Si le añadimos factores como la crisis económica que golpeará un mundo ya previamente azotado por la pandemia, o los costes humanos, el dolor y la desesperación propios de todo conflicto bélico, creo que corresponde lamentarse aún más. Ojalá me equivoque y las cosas mejoren, pero yo diría que estamos frente a otro gran tache para la humanidad, además de un nuevo tropezón en nuestra marcha hacia el espacio.
José María Filgueiras Nodar
(Este texto fue escrito el 5 de abril de 2022)

¡Enhorabuena a Katya Echazarreta!

Ayer sábado, la ingeniera Katya Echazarreta se convirtió en la primera astronauta mexicana, en el marco de la misión NS-21, la quinta misión tripulada de la empresa Blue Origin. Es todo un hito que obliga a reflexionar sobre el impacto que el turismo espacial ya está teniendo a la hora de facilitar el acceso de la humanidad al espacio, así como sus posibilidades futuras. ¡¡¡Felicidades a la ingeniera Katya Echazarreta!!!!

Resumen de la mision en UnoTV

Webcast completo de la misión NS-21 (en inglés).

Los beneficios tecnológicos de la exploración espacial

Esta entrada está dedicada a presentar algunos de los beneficios de la exploración espacial, un tema que siempre suele aparecer en las discusiones acerca de la misma. En efecto, es común que mucha gente se pregunte por qué gastar tanto dinero en la exploración espacial, puesto que ese dinero podría ser utilizado en otros muchos asuntos bastante más urgentes.
Evidentemente, el debate que se halla detrás de esta clase de comentarios no tiene nada de superficial; se trata de un tema muy complejo, que requiere un análisis en profundidad, lejos de lo que se puede desarrollar en una entrada de blog. Aquí únicamente quiero exponer un par de elementos beneficiosos, teniendo como guía el concepto de transferencia de tecnología, que a lo largo de la historia de la exploración espacial se ha desarrollado fundamentalmente desde los gobiernos que llevaban a cabo esta tarea hacia la sociedad (en concreto, hacia las empresas privadas que desarrollan productos y servicios para el público).
Esto quiere decir que excluiré voluntariamente todos aquellos elementos de lo que muchos denominan “ciencia pura”, no porque no los considere interesantes (de hecho, es justamente al revés) sino porque quiero mostrar innovaciones y tecnologías surgidas directamente de la exploración espacial que ya están, ahora mismo, mejorando la vida de muchas personas. Lo hago, sobre todo, pensando en quienes no son tan sensibles al encanto y la magia de la exploración espacial, o sienten que el dinero de sus impuestos debe emplearse en asuntos más terrenales. Gente que, en otra entrada de este blog, hemos categorizado como “Marges”, haciendo referencia al sentido tan práctico y terrenal de Marge Simpson.
Estas personas sin duda valorarán todos los beneficios que las tecnologías desarrolladas en el contexto de la investigación espacial han producido en diversos terrenos. Uno de ellos es el de la salud, donde nos encontramos con el procesamiento de imágenes digitales, la telemedicina, los avances en el diagnóstico de enfermedades como el cáncr, así como nuevos fármacos para el tratamiento de esta enfermedad y productos para cuidar la piel. Por otro lado, elementos tan cotidianos como la cámara digital de nuestro celular o el GPS, los cuales usamos prácticamente todo el tiempo, también se derivan de la investigación espacial. De hecho, de la tecnología de satélites depende también la omnipresente telefonía celular, por no hablar de la vigilancia meteorológica y de desastres.
Lo dicho hasta ahora no es sino una mínima muestra. Podría hacerse una lista enorme, desde los nuevos materiales a sistemas de purificación de agua que pueden mejorar la calidad de vida de cientos de millones de personas en todo el mundo. Pero creo que es mejor dejar algunos enlaces para que sigas investigando por tu cuenta.

En las siguientes páginas puedes conseguir mucha más información:

http://haciaelespacio.aem.gob.mx/revistadigital/articul.php?interior=1011 Un artículo en la revista de divulgación de la Agencia Espacial Mexicana, muy útil para poner la discusión en el contexto de México y otros países en los que existe la creencia de que la investigación espacial es algo así como “un lujo”.
https://www.nasa.gov/sites/default/files/files/Benefits-Stemming-from-Space-Exploration-2013-TAGGED.pdf Un informe de la NASA que expone los beneficios que se han obtenido en cuanto a innovación (que abarca los avances científicos y tecnológicos o el ensanchamiento de la esfera económica), inspiración cultural y los nuevos medios que surgen de la exploración espacial para abordar los problemas globales. El informe, de 2013, también elabora una prospectiva a quince años vista sobre los beneficios que cabe esperar en los tres rubros mencionados.
https://www.asc-csa.gc.ca/eng/about/everyday-benefits-of-space-exploration/default.asp La visión de la Agencia Espacial Canadiense sobre este tema, organizada en torno a diversas áreas de interés
https://www.nasa.gov/mission_pages/station/research/news/15_ways_iss_benefits_earth Para quienes quieren desmantelar ya la Estación Espacial Internacional y se quejan de su elevadísimo costo…
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0026-17422017000500045 Un artículo sobre las aplicaciones de la tecnología espacial en el terreno de la salud.
https://unctad.org/system/files/official-document/ecn162020d3_es.pdf Un documento de Naciones Unidas que analiza el modo en que las tecnologías espaciales pueden contribuir a acelerar el desarrollo sostenible, así como las ventajas que surgen de la colaboración internacional en investigación espacial.
https://www.nature.com/articles/s41591-021-01485-5.pdf Muy interesante en el contexto actual, este texto discute en qué medida las tecnologías basadas en el espacio puede ser útiles frente a posibles pandemias.

Algunos otros enlaces que pueden ser interesantes:

https://www.televisa.com/noticias/10-cosas-que-usamos-a-diario-que-tenemos-gracias-a-los-viajes-al-espacio/
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2014-11-04/no-la-nasa-no-invento-ninguno-de-estos-seis-objetos-cotidianos_434868/
https://spaceandbeyondbox.com/the-benefits-of-space-exploration/
https://en.wikipedia.org/wiki/Benefits_of_space_exploration

José María Filgueiras Nodar (Universidad del Mar, campus Huatulco).

Anunciando el regreso

Sé que es la segunda o tercera vez que lo digo, pero… ¡Estamos de vuelta!

La verdad, ahora llevaba unos meses fuera, sobre todo por cosas del trabajo. Pero también, en cierta medida, por sentirme superado ante la avalancha de noticias sobre turismo espacial, que exigiría una dedicación de tiempo completo a este blog, cosa que, por más que me podría gustar, resulta hoy por hoy imposible.

El pasado 2021 fue un año impresionante para el turismo espacial, y 2022 no parece quedarse atrás. Esta situación hizo que, siempre que disponía de un poco de tiempo para ponerme a escribir, en realidad acabara por utilizar ese tiempo para navegar por Internet, curioseando acerca de las novedades de nuestro tema, sin llegar a escribir una sola línea. El resultado: más de seis meses sin publicar nada. ¡Mal!

Pero aquí estamos una vez más, para seguir trayendo noticias, y sobre todo opiniones y comentarios, sobre el turismo espacial. A todas las y los lectores les deseo, con algo de retraso, un feliz y espacial 2022, Y les anuncio formalmente que el blog está de regreso. Gracias, de verdad, a todxs quienes siguen este blog, por su paciencia.

José María Filgueiras Nodar

Universidad del Mar

El acabóse…

Esta expresión la solían usar las abuelas hace mucho tiempo, cuando yo era un niño. El acabóse. Aunque sé que es más usada en sentido peyorativo, me parece legítimo emplearla para hablar de la situación del turismo espacial suborbital en este mes de julio.

Resumiendo mucho las cosas, Virgin Galactic llevaba dieciséis años luchando para llevar turistas fuera de la atmósfera terrestre, y prometiéndole a sus seguidores que podrían realizar este viaje en muy poco tiempo (como quien dice, casi pasado mañana). Blue Origin, que no dejó de trabajar en pos del mismo fin desde inicios de siglo, pasó mucho tiempo en un relativo silencio, sin dar demasiada noticia de sus actividades, hasta que  anunció en 2016 el inicio de sus vuelos suborbitales para 2018. Después de un breve retraso, en el cual la pandemia tuvo mucho que ver, acaba de revelar su primer vuelo para el 20 de julio, vuelo en el cual viajará Jeff Bezos, el dueño de la compañía.

Pero ahora, confirmando los rumores que ya se escuchaban luego de que Virgin consiguiera la licencia de la FAA para transportar pasajeros al espacio, esta empresa acaba de anunciar que llevará a cabo su primer vuelo de prueba tripulado el día 11 de julio. Y que en ese vuelo también viajará el dueño de Virgin, de modo que Richard Branson se convertirá en el primer turista espacial, por delante de Jeff Bezos.

Si esto fuese una carrera de Fórmula 1, el adelantamiento de Blue Origin sin duda habría sido algo espectacular, pero este contraataque de Virgin fue algo capaz de dejar al público paralizado en sus asientos, pensando si lo que han visto es real.

De hecho, supongo que ya hay gente que estará pensando teorías extrañas, como que se trata de algo que han planeado entre las dos empresas y al final acabarán volando el mismo día, o algo por el estilo.

En cualquier caso, el turismo espacial suborbital está viviendo hoy mismo una popularidad absolutamente inédita, y nos tendrá a todo mundo pegados a las redes sociales y los canales de información, en espera del siguiente movimiento.

Lo dicho: esto es el acabóse.

José María Filgueiras Nodar

La carrera espacial privada: llegando al sprint

Como ya todo el mundo sabe, el próximo 20 de julio la nave New Shepard de Blue Origin realizará su primer vuelo turístico suborbital, en el cual viajará ni más ni menos que Jeff Bezos, el propietario de la compañía (y de Amazon), junto con su hermano Mark y uno o dos pasajeros más. En este blog siempre le dimos mucho crédito a Blue Origin, y da gusto ver que no andábamos tan desencaminados. Escribí hace poco un artículo sobre esta excelente noticia para el turismo espacial, cuya lectura les recomiendo. Aquí les dejo el enlace a mi texto, publicado por la prestigiosa revista online Entorno Turístico. Desde luego, me gustaría escribir más cosas al respecto antes del día del vuelo (si la chamba me lo permite).

Pero hoy quiero comentar otra noticia, que sin duda debe leerse en paralelo con la anterior. Virgin Galactic, la empresa que se consideraba más cercana al objetivo de lanzar sus vuelos turísticos al espacio, y sin duda la que más promoción ha hecho sobre el tema, lo cual le ha llevado a tener literalmente varios cientos de reservaciones pagadas, obtuvo este 25 de junio la aprobación por parte de la Administración Federal de Aviación para llevar a cabo vuelos espaciales tripulados. Como puede leerse en el comunicado de la empresa, la ampliación de la licencia de Virgin se debe sobre todo al éxito de su última prueba, llevada a cabo el pasado 22 de mayo. Michael Colglazier, el gerente general de la empresa, ha dicho que estas buenas noticias le aportan mucha confianza a Virgin a medida que se acerca su primera prueba tripulada, la cual se llevará a cabo durante el verano.

Para darle mayor emoción al asunto (y, hay que decirlo, rozando ya el chismorreo) existen rumores de que Virgin podría reorganizar la agenda de sus vuelos de prueba para que Richard Branson, el propietario de la compañía, viaje al espacio antes que Jeff Bezos, convirtiéndose así en el primer turista suborbital. Incluso se ha especulado que tal viaje podría llevarse a cabo el fin de semana del 4 de julio. Virgin no ha hecho declaraciones al respecto, pero sea como sea, no cabe duda de que la carrera espacial entre compañías privadas ha cobrado estos últimos meses el máximo interés: Branson y Bezos empiezan a recordarnos a Hamilton contra Alonso. Sólo falta que se anime Elon Musk.

José María Filgueiras Nodar

La nave SpaceShipTwo de Virgin Galactic (en el centro) acoplada a la nave nodriza WhiteKnight2 dentro de un hangar de la compañía .

Mundos alienígenas (serie de 2020)

Esta mini serie británica es más que capaz de animarnos una de esas aburridas tardes de pandemia, con entretenimiento serio y basado en la ciencia. Su punto de partida es la aplicación de las leyes que rigen la vida en nuestro planeta a lugares del universo con condiciones diferentes, concretamente a cuatro exoplanetas ficticios (cuyos nombres titulan los episodios):
• Atlas: un planeta con el doble de gravedad de la Tierra.
• Janus: con una franja de eterno crepúsculo entre un hemisferio perpetuamente iluminado y otro en permanente oscuridad.
• Edén: que orbita un sistema de estrellas gemelas
• Terra: más antiguo que la Tierra, orbita una estrella que envejece.

La serie explora el modo en que la vida habría evolucionado en estas condiciones, combinando el formato documental (con la participación de destacados expertos en astronomía, exobiología y otras disciplinas científicas) y las partes en que se describen e ilustran las modalidades de vida en los exoplanetas a través de animaciones generadas por computadora. Esta segunda parte me recordó a otro interesantísimo conjunto de documentales que salió a principios de siglo: The Future is Wild, que imaginaba cómo iba a evolucionar la vida en Tierra después de cinco, cien y doscientos millones de años.

Relacionar los exoplanetas con el turismo espacial es totalmente ciencia ficción, dadas las distancias que se manejan. Proxima b, considerado por ahora el exoplaneta más cercano a la Tierra, se encuentra a una distancia de 4.23 años luz, lo cual es realmente poco a nivel astronómico. Cuando lo vemos en kilómetros, la cosa cambia, pues se trata aproximadamente de unos cuarenta billones (40,000,000,000,000) de kilómetros. Y éste es el más cercano… Sin duda, es posible que se produzca alguna revolución tecnológica que permita salvar esa limitación de las distancias, pero parece muy dudoso que la vayamos a ver pronto. De hecho, seguimos encerrados todavía en las enormes dificultades que plantea algo tan aparentemente simple como salir de la atmósfera, es decir, subir por encima de cien kilómetros.

De todos modos, siempre es interesante pensar a futuro, como ejercicio de imaginación científica. Y desde luego, sirve para aprender mucho acerca de la vida en la Tierra tal y como la podemos admirar hoy mismo.

Por todo ello, es una excelente recomendación para otra tarde de confinamiento….

«El otro México» de Fernando Jordán

En esta pandemia he recuperado un antiguo amor por la lectura, de modo que casi todos mis ratos de ocio los pasé leyendo, algo que no había podido hacer desde muchos años atrás. Así, durante esta larga cuarentena, me dediqué a leer vorazmente: de Yuval N. Harari a Jack Ketchum, y de Manuel Vázquez Montalbán a Karl G. Jung. Mientras escribía esta entrada, he comenzado a releer La montaña mágica, que tenía olvidada en algún lugar de mi mente desde la adolescencia.

De esa larga lista, uno de los libros que más he disfrutado, quizá el que más, ha sido el que da título a esta entrada. Había oído de El otro México hace muchos años, mientras preparaba un artículo sobre ética periodística, en el cual daba una interpretación de la misma basada en la obra de Richard Rorty. Según este filósofo, y resumiendo muchísimo, la manera de conseguir que el mundo sea un lugar mejor es hacer que la gente amplíe el círculo de sus lealtades morales, es decir, que se preocupe cada vez más por personas que no son sus seres queridos. Esta es una idea conocida de antiguo, pero creo que la novedad más interesante de Rorty tiene que ver con los mecanismos capaces de expandir el círculo, pues, en lugar de apostar por la filosofía o las leyes, este autor apuesta por una educación sentimental llevada a cabo por la literatura, en un concepto ampliado de la misma que abarca, además de la literatura propiamente dicha, muchas otras cosas, como el cine o por supuesto el periodismo. De este modo, cualquier reportaje (documental, novela, etc.) que mueva nuestros sentimientos puede hacer que nos impliquemos moralmente. Y, así, puede encaminarnos hacia lo que Rorty llama progreso moral.

Sólo por poner un par de ejemplos, porque literalmente hay cientos, vean este artículo sobre refugiados sirios en Europa, o este documental sobre la industria de la carne de cerdo. Creo que ambos son capaces de cambiar el modo de pensar de mucha gente acerca del vegetarianismo o la ética de la migración, a través de la influencia ejercida sobre los sentimientos.

Esto nos trae de regreso al exitoso libro del antropólogo y periodista Fernando Jordán (1920-1956), una obra que puso al público de México frente a la realidad y los problemas de una zona que en 1951, cuando se publicó, era prácticamente desconocida para todo el país. La mejor forma de describirlo es atender al subtítulo, “Biografía de Baja California”, porque eso es precisamente lo que es. El libro elabora una completa biografía de la Península, comenzando por sus orígenes legendarios y su discurrir histórico. Así, se refiere a las gestas de Vizcaíno y al papel de los misioneros en la conquista espiritual del territorio; también a los intentos por convertir a Baja California en territorio norteamericano.

Pero la historia es tan sólo un tema introductorio. El grueso del libro se dedica a exponer un recorrido a lo largo de la Península, en un tiempo anterior a la construcción de la carretera, cuando la única forma de viajar por gran parte de Baja California era cruzar el desierto por una brecha sin asfaltar.

Aunque la variedad de temas y la calidad de la narración dan ganas de hacerlo, no voy a dar una descripción detallada del contenido del libro, únicamente señalar algunos de los interesantes temas tratados, como el modo en que las ciudades del norte peninsular invirtieron muy adecuadamente en su futuro los ingresos generados por diversas actividades ilícitas, las incursiones por mar en busca de ballenas o la descripción tan triste que proporciona de los elefantes marinos. También la división entre dirigentes y trabajadores mineros en Santa Rosalía, la prisión de puertas abiertas de Mulegé, o la tierna historia de las truchas de Mr. Utt. Por no hablar de Comondú, el pueblo con olor a vino y aceite que para Jordán se convierte en el último paraíso de la Tierra.

Cuando se escribió, el libro quería ser actual y basado en percepciones vivas, alejándose del tono de una monografía histórica y más cercano a un reportaje, pero con los casi 70 años que han pasado desde su publicación, la obra adquiere un significativo peso histórico. Asi, en la misma se pueden ver los orígenes de muchos factores que hoy protagonizan la actividad de Baja California, como el turismo, las maquilas, la pesca (profesional y también deportiva) o por supuesto la migración.

Con todo, la parte del libro que más disfruté fue el recorrido en automóvil. Y creo que lo disfruté aún más por el hecho de estar en medio de la pandemia. Me imaginé al volante de un todoterreno, como el propio Jordán, recorriendo aquellos espacios infinitos de la Tierra de Nadie. Viendo los mismos pueblos, las mismas bahías, y hablando con los mismos fayuqueros.

Esa fue, como digo, la parte del libro que más disfruté, la que Jordán se pasa al volante. Fue la que me hizo dosificar la lectura, haciendo que cada tarde me pusiera a leer con la devoción de un gamer ante su videojuego favorito. A veces, en este mismo espíritu, completaba el viaje con vistas de Google Maps. Desde luego, sería mucho mejor el irme a recorrer la carretera. Las circunstancias no son las más adecuadas, ni mucho menos, pero es bueno pensar que algún día, cuando regrese la normalidad, muchos de los paisajes descritos por Jordán estarán ahí para ser descubiertos nuevamente.

Mientras llega ese día en que el sueño se haga realidad, si es que llega, releer ciertos pasajes de El otro Mexico tendrá que servir de consuelo.

El libro está disponible en la web del Archivo Histórico de Baja California Sur. Puedes descargarlo en este ENLACE.