Autor: touralespacio

Lisas, Marges, Homeros y Barts: ¿qué opina la gente de la exploración espacial?

Hay dos tipos de personas: quienes disfrutan de categorizar a las personas, y quienes no. Para nosotros, los del primer tipo, construir tipologías siempre es divertido e interesante, lo mismo que conocer las establecidas por otros miembros de nuestra categoría.

Este fin de semana recordé las segmentaciones según el estilo de vida hechas por los mercadólogos, no tanto las tipo VALS2 (que son muy útiles) sino las que tienen un punto más creativo. En un libro, no recuerdo si de Kotler o de algún otro erudito de la mercadotecnia, leí acerca de un estudio que había segmentado el mercado ruso de los años noventa utilizando personajes como los cosacos, que gastaban más de lo que ganaban, fumaban Dunhill y andaban en BMW, y las almas rusas, personas austeras y sufridas, que se lo pensaban dos veces hasta para comprarse un pedazo de pan.

Con ejemplos como éstos en mente, me puse a pensar en cómo podría construirse una categorización referida a las opiniones de la gente ante la exploración espacial. No sobre el turismo espacial, sino sobre la exploración espacial, porque, querámoslo o no, ésta es hoy por hoy algo mucho más cercano a la experiencia cotidiana que el turismo espacial.

Y se me ocurrió la siguiente categorización. A nadie se le escapará lo mucho que le debe a los Simpson. Por cierto, quien dude acerca de la utilidad académica de esta magnífica serie, puede comenzar leyendo Los Simpson y la filosofía. Pero vamos ya con la categorización:

  • Homeros: No entienden nada de nada y probablemente se burlan de todo. Pueden dar razones a favor, lo mismo que en contra, sin coherencia alguna, dependiendo de la coyuntura e incluso de los caprichos del momento (especialmente de los caprichos del momento). Sé que es algo injusto con Homero, quien en un episodio visita la Estación Espacial Internacional, pero el tono general del personaje justifica el que dé nombre a esta categoría.
  • Marges: Preocupad@s por el bienestar de su familia, por la vida cotidiana en la Tierra, por la economía. En ocasiones, podrían estar a favor de la exploración espacial, pero sólo en tanto esta inversión produzca resultados en la Tierra. “Más teflón y menos fotos de Plutón”, podría ser un lema para estas personas.
  • Lisas: Fanátic@s de la exploración espacial, por pura curiosidad científica. A los miembros de esta categoría les resulta extremadamente difícil entender que existan personas para quienes explorar el espacio no representa el sentido de la vida. “¿En serio existen? Me estás bacilando… Ya déjame volver con mi telescopio”.
  • Barts: Son quienes ven el lado aventurero de la exploración espacial. Felices sobre una patineta (como el Bart original), haciendo paracaidismo o buceando entre tiburones. En palabras de Tom Wolfe, estas personas tienen lo que hay que tener, y el espacio representa para ellas la aventura extrema, definitiva, algo a lo que se puede apostar todas las cartas de su vida.

Con un poco de imaginación, estoy seguro de que podríamos sacar más personajes (Moes, Krustys, Skinners, etc.) pero por el momento creo que podemos detenernos aquí. Con esta clasificación en la cabeza, podríamos comenzar a analizar las actitudes de la población ante la exploración del espacio, y, desde luego, a chismear acerca de los personajes más destacados del mundillo espacial.

Un aviso que debe tenerse siempre presente es que casi nunca hay tipos puros; probablemente nos encontraremos con muchos casos intermedios. Seguro que Elon Musk es un Lisa, pero también parece tener cosas de Bart (especialmente cuando habla de jubilarse en Marte). Richard Branson es sin duda más Bart, pero como hombre de negocios también tiene aspectos de Marge.  ¿Y qué decir de Donald Trump, cuando habla de regresar a la Luna? ¿Es un Bart o solamente un Homero?

Día del Recuerdo en la NASA

Hoy 25 de enero la NASA celebra su Día del Recuerdo, una tradición iniciada en 2004, en honor de los astronautas que han perdido su vida. Esta época del año, entre enero y febrero, ha sido una mala época del año para la NASA, dado que en este período se produjeron varios accidentes mortales:

  • El incendio del Apollo 1 (27 de enero de 1967)
  • La explosión de la lanzadera espacial Challenger (28 de enero de 1986)
  • La explosión de la lanzadera espacial Columbia (1 de febrero de 2003)

El hecho de que las tres tragedias se produjeran en días tan cercanos, ha llevado a la NASA a ubicar su aniversario en estas fechas. El presente año el día elegido ha sido hoy.

Los vuelos espaciales son terriblemente peligrosos, y los astronautas fallecidos son el mejor testimonio de tal peligro. Es mucho lo que la ciencia, y desde luego el propio turismo espacial, deben a estos héroes, que han sido capaces de sacrificar sus vidas por la determinación de llevar a la humanidad hacia el espacio.

Si quieres seguir el evento en vivo, te recomendamos ir a https://www.nasa.gov/specials/dor2018/

Mis viajes en carguero… y su relación con el turismo espacial

Hasta ahora, he cruzados dos veces el océano Atlántico a bordo de un carguero. En octubre de 2016 viajé de Miami (EE.UU.) hasta Sines (Portugal) en el portacontenedores Msc Carouge. Unos meses más tarde, en julio de 2017, crucé desde Bremerhaven (Alemania) hasta Charleston (EE.UU.) a bordo de otro portacontenedores, el Msc Buxcoast. Me encanta el mar, por lo que en ambos casos fueron experiencias increíblemente satisfactorias, y más teniendo en cuenta que en ninguno de los dos viajes me mareé, lo cual era una de mis principales preocupaciones.

En otra ocasión tal vez cuente algunos detalles de estos viajes; de momento he comenzado a sacar una serie de vídeos en mi canal de YouTube, que les comparto al final de esta entrada. Pero hoy quisiera relacionar mis experiencias en estos viajes con unas declaraciones que leí, referida si no recuerdo mal a los futuros viajes a Marte. Quien hablaba, que no recuerdo quién era, decía más o menos que estaba preocupado por el posible aburrimiento de los astronautas, en el caso de que tuvieran que estar encerrados en la nave durante meses.

Ya digo que no recuerdo bien las declaraciones, pero la idea era que los astronautas no o no sólo debían ser aventureros, excelentes deportistas, pilotos, buceadores, etc. En el caso de esos viajes que implicaban un confinamiento prolongado, debían también tener alguna afición como la filatelia, la lectura o similar, algo por así decir “de salón”, que les ayudase a no volverse locos de aburrimiento en esas condiciones.

Los viajes en carguero, desde luego, son muy diferentes a lo que debe ser un viaje interplanetario. De entrada, porque puedes abrir la ventana en cualquier momento, o bajar a cubierta y pasear al aire libre viendo el mar. Pero también es cierto que por la naturaleza de los viajes en un barco mercante, hay mucho tiempo de soledad. Si no sabes qué hacer con tu tiempo, o simplemente no soportas estar solo, la experiencia puede volverse rápidamente muy aburrida, y hasta agobiante.

Yo estudié filosofía, estoy más que acostumbrado a pasar días enteros leyendo. Por ello, me imaginaba que en ese nivel, el viaje en barco no iba a ofrecer ningún problema, por más que supiera que no había conexión a Internet. Y efectivamente así fue. El viaje Miami-Sines, en el cual yo era el único pasajero del barco, lo dediqué prácticamente a escribir. Me levantaba, pasaba una o dos horas viendo el mar, hasta la hora del desayuno, y luego escribía hasta que me iba al gimnasio del barco. Después, volvía al camarote a seguir escribiendo hasta la hora de la cena (me saltaba una de las comidas). Después de cenar, veía alguna de las películas que había llevado en la computadora. Me equivoqué de USB y dejé mi selección de películas, de hecho llevé en el barco las películas que no quería ver, las que había desechado, pero aun así, no me aburrí ni un solo minuto de los once días que duró el viaje.

En el segundo viaje, que duró nueve días, me acompañaron otros dos pasajeros, por lo cual había mucha más vida social en el barco. Las comidas eran más largas, porque incluían una animada sobremesa; también hubo paseos en grupo por el barco y hasta una fiesta de cumpleaños con karaoke incluido. Aun así, también tuve muchas horas de soledad, que volví a disfrutar. En esta ocasión no escribí tanto, pero vi un montón de películas y series, jugué videojuegos y leí varias novelas de ciencia ficción, entre ellas la impresionante Gente de barro, de David Brin.

Ambos viajes sirvieron para confirmar preliminarmente mi hipótesis: podría soportar un viaje interplanetario sin aburrirme lo más mínimo. Tan sólo necesitaría una buena biblioteca de PDFs y quizás algunas películas. Si además pudiera llevar un par de buenos videojuegos, de los que enganchan, es probable que el viaje se me hiciera demasiado corto…

 

Hotel de lujo en la Estación Espacial Internacional

Esta fue, sin duda, una de las noticias que más ha animado el mundillo del turismo espacial a fines del 2017. En efecto, el 21 de diciembre, la conocida revista Popular Mechanics publicó un artículo explicando los planes de la agencia espacial rusa (Roskosmos) de construir un hotel de lujo en la Estación Espacial Internacional.

Desde luego, los estándares de ‘lujo’ no se entienden igual en el espacio que en la superficie de la Tierra, al menos por el momento. Pero la propuesta rusa sin duda representa un alojamiento significativamente más confortable que el utilizado por los turistas espaciales que desde el 2001 han visitado la Estación Espacial Internacional.

EEI

El plan de RKK Energia, el principal contratista de Roskosmos, señala la construcción de un nuevo módulo, semejante al módulo de energía NEM-1 que Rusia está construyendo en la actualidad para la Estación.

Dentro de dicho módulo se ubicarían cuatro habitaciones privadas de dos metros cúbicos de capacidad, además de dos instalaciones médicas y de higiene. Las habitaciones contarán con una ventanilla de 9 pulgadas (22.86 cm.) desde la cual se podrán contemplar unas magníficas vistas a 400 km. de altura de nuestro planeta, que es, no lo olvidemos, una de las principales motivaciones de los turistas espaciales orbitales, según muestran los estudios de mercado. Asimismo, dispondrán de un gimnasio y hasta de conexión a Internet. En el salón común del módulo, habrá una ventana mucho más grande, de 16 pulgadas (40.64 cm.).

El precio no resulta exagerado (para los montos que se manejan habitualmente en el turismo espacial orbital): 40 millones de dólares por una estancia de una a dos semanas, que se podría extender a un mes. En este caso, y con la opción añadida de realizar un “paseo espacial”, es decir, salir al exterior de la Estación acompañado de un cosmonauta, se deberían pagar 20 millones adicionales. Desde luego, no está al alcance de cualquiera, pero Roscosmos y RKK Energia tienen confianza en las crecientes cifras de multimillonarios que hay en el mundo. Con que un pequeño porcentaje de éstos deseen volar, y se animen a pagar por anticipado el dinero requerido para la construcción del nuevo módulo, el hotel sería ya rentable.

En otra entrada del blog comentaré alguno de los problemas que enfrenta esta propuesta, pero de momento he decidido dejar este texto con la parte positiva: ha aparecido una opción nueva, aunque todavía esté en proyecto, para hacer turismo espacial. Y además, de la mano de los rusos, que han sido pioneros en este negocio. Por ello, merece la pena estar atentos a este proyecto.

Este es el artículo original de Popular Mechanics: http://www.popularmechanics.com/space/satellites/a14471796/luxury-hotel-iss/

Y aquí los comentarios en el vlog ExoPlanetas:

Bremerhaven

Estrenaré la categoría “terrícola” con esta entrada, en la que quiero compartirles dos breves videos que grabé durante mi estancia en Bremerhaven (Alemania), justo antes de embarcarme en el carguero Buxcoast para regresar a América. Bremerhaven es una ciudad de 100,000 habitantes, situada en el norte del país, muy cerca de Bremen. De hecho, su mismo nombre significa “el puerto de Bremen”. Se trata, como pueden imaginarse, de una ciudad completamente volcada hacia el mar.

Bremerhaven es uno de los puertos más importantes de Europa, tanto en lo que se refiere a la pesca como al tráfico comercial. Históricamente, fue el punto de salida para los más de siete millones de alemanes que emigraron a los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX. Hoy en día, existe un Museo de la Emigración que conmemora este éxodo (aquí un completo texto sobre el tema).

Yo estuve en Bremerhaven apenas un día, llegué el domingo a mediodía y el lunes por la mañana ya me fui para el barco, de modo que no pude explorar todos los atractivos, ni siquiera los más importantes. Al respecto, lo que más me pesó, sin duda, fue no haber visto el Museo de la Emigración más que en un folleto, así como no subirme a la Torre del Radar (me enteré de que se podía hacer cuando ya estaba embarcado).

El primer video que les comparto se centra sobre todo en el Museo Alemán de la Navegación, un lugar que realmente tiene mucho material para quien esté interesado en los barcos y la historia de la navegación. Yo recuerdo especialmente la reconstrucción del “Bremer Kogge”, un barco del siglo XIV cuyos restos fueron encontrados en 1962, y también el submarino militar “Seehund”, una máquina asesina para sólo dos tripulantes (los cuales si no recuerdo, debían estar sin moverse de su asiento durante todo el tiempo que durase la misión).

La visita al Museo incluye también el acceso a varios barcos, entre ellos un ballenero de los años 50 y un remolcador conocido como el “tractor de agua”, dotado de una hélice con un diseño muy novedoso, que le daba mayor movilidad. En el mismo espacio se puede ver el primer hovercraft. Para quien le guste el mar, sin duda una gran experiencia.

El segundo video es el de mi visita al interior del submarino Wilhelm Bauer, lanzado en 1945. Me parece una experiencia muy interesante, el estar dentro de un submarino de la Segunda Guerra Mundial. Y, desde luego, quienes nos interesamos por el turismo espacial no podemos dejar de hacer comparaciones.

Debo advertir de que el video ni siquiera menciona esas comparaciones, al contrario, es un video “graciosito-wannabe” de un aspirante a youtuber (al igual que el anterior). Pero creo que si se observa desde la perspectiva del turismo espacial, puede suscitar ideas sobre nuestro tema.

Piénsenlo: una tripulación aislada en medio de un entorno hostil, dependiendo por completo de los sistemas de soporte de la nave, durante largos períodos de tiempo…

Turismo “terrícola” (o sea: no-espacial)

Esta es una advertencia que sólo tiene sentido en un blog como el presente, dedicado al turismo espacial. Con la etiqueta “terrícola” (sé que no es gramaticalmente correcto, pero espero se me permita esta licencia) me referiré, claro está, a todo el turismo realizado a menos de 80 kilómetros de altura. Que es, adivinaron, prácticamente la totalidad del turismo que existe hoy por hoy .

Consciente de este hecho, ubicaré en esta categoría todos mis escritos que se refieran al turismo, en cualquiera de esas variedades y con múltiples contenidos (reflexiones conceptuales, descripciones de lugares, tips de viaje, etc.) siempre y cuando NO se refieran al turismo espacial.

Preveo que algunas de estas entradas serán de carácter muy personal, lo cual no sé si es positivo o algo de lo cual haya que disculparse. Amparado en la libertad narrativa que ofrece un blog, no me disculparé por el momento. Al contrario, animo a los lectores interesados en el turismo espacial a leer también las entradas “terrícolas”: seguro que encontrarán cosas interesantes.

 

Infografía sobre el vuelo en la New Shepard

Para celebrar el éxito de la última misión del New Shepard de Blue Origin, que este pasado 12 de diciembre llevó a cabo su séptimo vuelo (el cual fue aprovechado además para llevar al espacio doce cargas con fines educativos y de investigación), quiero rescatar esta magnífica infografía de Karl Tate publicada en Space.com sobre los vuelos de Blue Origin.

blue origin, new shepard, suborbital, commercial space, space tourism, infographicFuente:  SPACE.com: All about our solar system, outer space and exploration.

Esta imagen explica muy claramente el sistema de vuelo de despegue y aterrizaje verticales de la nave New Shepard, por cierto llamada así como homenaje a Alan Shepard, considerado el primer astronauta norteamericano a causa del vuelo suborbital que realizó en 1961, y que posteriormente fue el quinto hombre en pisar la Luna (y supongo que el único en jugar golf allí).

Blue Origin era una empresa que hasta hace poco tiempo no se consideraba en el grupo de las más avanzadas en el camino a ofrecer vuelos comerciales al espacio, pero que desde finales de 2015 ha adquirido un lugar relevante en dicho grupo, debido a sus éxitos en el lanzamiento de sus cohetes reutilizables. Además, en marzo de 2016, el propietario de la empresa, Jeff Bezos, anunció que enviaría al espacio a sus primeros clientes en 2018. Aunque en octubre de 2017 reprogramó la fecha para 2019 (una práctica común en el turismo espacial), sigue siendo una de las empresas a tener más en cuenta.

Astronautas vs. turistas espaciales

Hoy he revisado los requisitos de algunas agencias espaciales para los candidatos a astronautas. La buena noticia es que, aparentemente, no son requisitos tan restrictivos. La NASA, por ejemplo, solicita ciudadanos estadounidenses:

  • Con grado universitario en Ingeniería, Biología, Física o Matemáticas. (Por cierto, avisan de que los grados en ciencias sociales no sirven para aplicar… A la filosofía ni la mencionan…¿Por qué será?)
  • Experiencia laboral de al menos tres años (sustituible por un posgrado, o por 1000 horas de vuelo como comandante de un avión a reacción)
  • Estatura entre 1.57 y 1.90 m.
  • Presión arterial inferior a 140/90 medida en posición de sentado.
  • Visión de 20/20 con o sin corrección.

Estos requisitos son más o menos los de las demás agencias, con ligeros cambios. Como decíamos, aparentemente no son tan restrictivos. La mala noticia es que sólo es una apariencia. Sobre el papel no parece tan difícil, pero luego uno ve las cifras de los astronautas realmente admitidos y claro, las cosas cambian.

La NASA presentó el pasado junio a sus Ascans (candidatos a astronautas) del año 2017: un grupo de doce personas, con unos curriculums impresionantes, elegidas de entre 18,300 solicitudes, o sea, menos de una persona por cada mil aplicantes. Este grupo tendrá que afrontar todavía un arduo proceso de entrenamiento durante dos años, después del cual podrán participar en las misiones de la NASA.

Esto ha sido así desde los inicios de la exploración espacial. Al leer libros como “Elegidos para la gloria”, de Tom Wolfe, una de las ideas que está siempre presente es que los astronautas eran una especie de superhombres.

Frente a esta opción, llamémosle “oficial”, de desarrollar una carrera como astronauta, los vuelos espaciales privados tienen muchas menos limitaciones. En principio, está el asunto del dinero: si realmente quieres volar, debes tener mucho dinero. En el caso del turismo suborbital, unos 200,000 dólares. Y luego, debes gozar de buena salud: hay una lista de condiciones que te descalifican para el vuelo, está claro que si padeces de problemas cardíacos graves, o de psicosis, no te dejarán ir al espacio como turista; pero son requisitos al nivel de las personas normales, no de los superhéroes. Por ejemplo, Virgin Galactic anunció que en su vuelo inaugural estaría presente James Lovelock, el padre de la “hipótesis Gaia”, que ya anda cerca de las cien primaveras de edad.

Cumpliendo con estos requisitos de salud y de dinero, ya puedes ir al espacio con un mínimo entrenamiento de dos o tres días.

Me dirán que el dinero es una limitante fuerte, y desde luego que lo es, pero también cabe decir que un fanático del espacio estaría dispuesto a ahorrar e incluso a endedeudarse para cumplir su sueño. Muy poca gente puede conseguir esos 200,000 dólares, si lo vemos a escala global, pero seguro que esa poca gente es muchísima más de la que podría llegar a ser astronauta siguiendo la carrera “oficial”.

Por supuesto, a los astronautas oficiales les pagan por ir al espacio, es decir, les pagan por hacer lo que más les gusta. Pero, para quien desee ir al espacio sin tener que dedicar la vida a ello, o quien sepa que de plano no cumple o no quiere cumplir los requisitos exigidos por las agencias espaciales, el turismo espacial ofrece una alternativa muy válida.

Mars (serie de 2016)

Estoy muy ilusionado viendo esta serie  lanzada por Nat Geo el pasado año 2016; tanto, que he decidido resucitar este blog para comentarla. El concepto es muy interesante, pues mezcla la ficción con el documental, en el contexto de la llegada de los humanos a Marte. Esta parte, desde luego, es la ficticia. En ella se narra cómo un heroico grupo de astronautas, impulsados por un proyecto internacional de gran envergadura, son capaces de llegar en el año 2033 a la superficie de Marte e instalar una pequeña base, que va creciendo con la llegada de sucesivas expediciones. Justo ahí me quedé, en el inicio del cuarto episodio, en el que se promete un choque sobre las diferentes visiones de Marte entre los miembros de lo que ya comienza a ser un pequeño pueblo de alta tecnología.

La parte documental de la serie me ha parecido mucho más interesante: incluye entrevistas con personajes tan destacados en el mundillo de la exploración de Marte como Robert Zubrin o Elon Musk, además de un buen número de escritores, científicos y expertos de la NASA. Se tratan temas como los efectos del aislamiento prolongado, la misión de un año de permanencia en el espacio llevada a cabo por Scott Kelly a bordo de la Estación Espacial Internacional, o la posibilidad de que las bases en la Antártida, como McMurdo, sirvan de modelo para el establecimiento de futuros asentamientos en Marte. Las declaraciones de los especialistas sirven de apoyo a los temas tratados en la parte de ficción, de modo que la ciencia de esta serie parece sólida. Desde luego, carezco de la formación para valorarla en su justa medida, pero me ha gustado el tratamiento que hace de los detalles técnicos, por ejemplo de la búsqueda de un tubo de lava provisto de hielo para instalar allí el primer asentamiento.

La serie tiene el mérito innegable de poner ante nuestros ojos la llegada a Marte y la posterior colonización como posibilidades reales. Sitúa estas posibilidades como los enormes logros científicos y tecnológicos que serían, y además las localiza ante el trasfondo ético del peligro de un evento que pudiera causar la extinción de los seres humanos.

Habría mucho más que decir sobre la serie, pero creo que en un blog como éste, dedicado fundamentalmente al turismo espacial, mi comentario tiene que destacar que esta modalidad turística es (o será) el primer paso hacia ese futuro en el cual la humanidad pueda poblar otros planetas. Los retrasos, fallas técnicas, complicaciones, y demás, que enfrenta la industria del turismo espacial son un reflejo a pequeña escala de los problemas que se seguirán enfrentando a medida que avancemos hacia ese futuro. Pero, por muchas razones, deberíamos tener claro que no hay otro camino.