Mes: febrero 2020

YouTube y l@s Cousteau del turismo espacial

En esta entrada, quiero referirme a unas declaraciones de John Spencer, el famoso gurú del espacio, en un libro que escribió junto a Karen Rugg allá por 2004. En esta obra (por cierto, la primera que se escribió en EE.UU. sobre el tema), titulada Space Tourism. Do you want to go?, se diseña un Plan Maestro para el desarrollo del turismo espacial. Este Plan inicia con lo que podríamos denominar una macrocampaña de Relaciones Públicas en la cual hay que difundir una visión atractiva y favorable al turismo espacial. Es en el contexto de esa macrocampaña que Spencer y Rugg afirman: “necesitamos un Jacques-Yves Cousteau para el movimiento del espacio y para el turismo espacial. Alguien con la presencia, la voz, la credibilidad y la pasión con que Cousteau estimuló el interés por los océanos podría hacer lo mismo por el espacio” (p. 194). Probablemente, así, a botepronto, muchos pensaríamos que esa persona ya existió, y se llamaba Carl Sagan.

La influencia de Sagan como divulgador de la astronomía, la exobiología, o la ciencia en general, ha sido impresionante. Y, con pocas dudas, yo creo que habría sido un decidido partidario del turismo espacial. Por desgracia, murió (relativamente joven, para más INRI) en 1996  y sabemos que en esas fechas, aunque ya se habían llevado a cabo los importantes estudios de mercado de Patrick Collins y sin duda existía la idea del turismo espacial al menos desde la década de los sesenta, todavía no se había producido el primer viaje turístico espacial. Éste se llevó a cabo en el año 2001, y tuvo como protagonista a Dennis Tito.

Spencer considera que es precisamente Tito quien funge como el Cousteau (y de forma paralela como el Neil Armstrong) del turismo espacial. Desconozco de primera mano el impacto de Tito sobre el público norteamericano, pero todos los especialistas afirman que fue muy grande. En los países de habla hispana, por el contrario, no me parece que haya sido para tanto. Por poner un ejemplo, en México yo me enteré de su hazaña varios años después, cuando comenzaba mis investigaciones sobre turismo espacial. Poco que ver, creo yo, con la fama alcanzada por Cousteau: recuerdo la devoción con que cada semana veía sus programas en la televisión española. Y también el montón de veces en que fantaseaba con los amigos, todos niños en aquella época, acerca de la posibilidad de tener un barco como el Calypso para navegar por todo el mundo. Tampoco me parece que se pueda comparar con la influencia de una serie como Cosmos.

Probablemente una razón de este menor impacto sea, en mi opinión, que en los ochenta y a finales de los setenta no había tanto para elegir. En España era muy sencillo: veías TVE 1 o TVE 2 y, si no te convencía la programación, te metías a leer en tu cuarto o salías a la calle a jugar fútbol. Poco más. El primer canal autonómico inició sus transmisiones en mi comunidad en 1985 y la primera televisión privada en 1990. Hoy día, tenemos servicios de televisión por cable o por satélite que ofrecen cientos de canales. Además, existen plataformas de contenido online como Netflix y todas las que siguieron su estela. Y, por supuesto, está ahí todo el material disponible en las redes sociales, especialmente YouTube. Es probable que toda esta profusión de contenido audiovisual, ubicado además en un lugar tan próximo como nuestro teléfono celular, haga que aquel mundo de los 70 nos resulte ya muy extraño, incluso a quienes lo vivimos.

Yo creo que esa enorme expansión de la oferta audiovisual ha tenido que ver con la menor proyección de Tito frente a la de Cousteau. Sin embargo, no creo que sea la única razón. Cousteau, en principio un oficial de la Marina francesa, era un idealista que si no recuerdo mal llegó incluso a demandar a su hijo por usar su nombre en un proyecto comercial. En cambio, Richard Branson, el dueño de Virgin Galactic, es un magnate que posee cientos de empresas más, incluido un banco y una compañía telefónica. A Elon Musk se le estima un patrimonio de casi cuarenta mil millones de dólares, distribuido entre varias empresas, como Tesla o SpaceX. Y Jeff Bezos es hoy, ni más ni menos, la persona con más dinero de todo el mundo, con una fortuna superior a los cien mil millones de dólares. Poco importa que las empresas de turismo espacial sean las que menos riqueza aportan a sus propietarios. Quien lo dude, que compare las cifras de Amazon con las de Blue Origin: podría pensar que Bezos tiene esta empresa como un hobby, vamos, como quien tiene un acuario o una colección de sellos o, todo lo más, que es su versión de una empresa social. Aun así, el caso es que mucha gente desconfía por default de los multimillonarios… Entonces, cuando Spencer afirma que el turismo espacial necesita un Cousteau, en este contexto podría interpretarse como que señala la necesidad de alguien independiente de los intereses de esta industria, si es que se quiere que la visión del turismo espacial llegue en verdad a la gente.

Probablemente estx nuevx Cousteau no vaya a surgir de los grandes canales de televisión. Probablemente sea más adecuado apostarle a YouTube, en donde se puede lograr el desarrollo de productos audiovisuales de gran calidad con muy poca inversión, o de productos con una enorme difusión e impacto a un costo próximo a cero. Sin duda, YouTube democratiza el acceso a un público potencialmente mundial  para quienes quieran extender la visión propuesta por Spencer, o alguna de las múltiples  variantes de la misma que se nos puedan ocurrir. En ese sentido, hace muy fácil extender los ideales del movimiento espacial.

¿Saldrá de YouTube la o el nuevo Cousteau del turismo espacial? Sin duda, es una posibilidad muy atractiva. Ojalá algunas personas jóvenes se la tomen en serio y comiencen a trabajar en esa dirección.