Guerra, espacio y crisis ambiental

El 12 de septiembre de 1962, el presidente John Fitzgerald Kennedy pronunció en la Universidad de Rice  uno de sus discursos más recordados, el famoso “Moon speech”, en el cual afirmó que los Estados Unidos enviarían una nave a la Luna antes del final de aquella década, algo que en su opinión se hacía no por ser fácil, sino por ser difícil. Pese a las enormes dificultades, como sabemos, Estados Unidos sí consiguió que una de sus naves llegara a nuestro satélite antes del final de la década, tal y como Kennedy había prometido.

La llegada del Apolo 11 a la Luna el 20 de julio de 1969 fue, entre otras muchas cosas, un hito de gran importancia en el transcurso de la Guerra Fría, y éste es el aspecto que exploraré en esta entrada. Tom Wolfe, en “Elegidos para la gloria”, nos recuerda que la carrera espacial entre  EE.UU y la URSS había comenzado con una serie de éxitos para los soviéticos, y que permitir a éstos llegar a la Luna en primer lugar habría sido considerado una humillación por EE.UU. Desde esta perspectiva, se trataba una cuestión de honor, que por supuesto traía también aparejadas cuestiones relativas al liderazgo internacional de cada país, y a otras muchas dimensiones específicas de la Guerra Fría, como la propia superioridad tecnológico-militar. Por ejemplo: algunos años después, como comenta Spudis a este respecto, a los soviéticos les resultaría más fácil temer las posibilidades de la Iniciativa de Defensa estratégica –la denominada “Guerra de las Galaxias”– después de haber observado el éxito del proyecto Apolo.

Tal éxito implicó la superación de numerosos desafíos tecnológicos y de organización. Supuso asimismo un enorme esfuerzo para la economía norteamericana, con un costo de 25 mil millones de dólares (que en dólares de hoy representarían la escalofriante cantidad de 115 mil millones). Cabría preguntarse por la motivación capaz de lograr que todo un país se concentre de esta forma en un solo objetivo. En los Estados Unidos de la década de los 60, no dudo que mucha gente entendiera los esfuerzos por llegar a la Luna como parte de una guerra en la que se hallaba en juego la supervivencia ideológica, del modus vivendi, e incluso física. Y pocas motivaciones son tan fuertes como el deseo de supervivencia.

Actualmente, la humanidad enfrenta un reto tan o más amenazador: la crisis ambiental. ¿Podría este reto ser capaz de impulsar una nueva carrera espacial, que nos lleve más lejos de la Luna? Sé que hay mucho que reflexionar al respecto, sé que dicho así provoca muchas dudas, pero de momento sólo quiero dejar planteada la pregunta…

José María Filgueiras Nodar

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