Peticiones de mano … en la Luna

ApoteoSurprise es una compañía francesa que se dedica a organizar peticiones de matrimonio, fundada en 2006 por Nicolas Garreau, a quien la prestigiosa publicación La Tribune caracterizó como “Cupido 2.0”. Según cuenta en su web, este escritor e ingeniero aeronáutico de formación quiso compartir su creatividad y originalidad para dichas tareas con todos los hombres en la tesitura de declarar su amor o pedir matrimonio (algo que al parecer asusta a un 80% de los hombres “más que los tiburones”, de acuerdo con la misma fuente). Una idea, confiesa, inspirada por los cuatro años que pasó durante su adolescencia en Venecia, cuando se volvió un romántico empedernido.

ApoteoSurprise ofrece treinta escenarios, todos ellos encaminados al mismo objetivo: “deslumbrar a tu amada”. Los escenarios son muy variados, pero en mi opinión bastante tradicionales, con restaurantes, fuegos artificiales, la ópera, estadios de fútbol, la torre Eiffel… En general, me parecieron ideas elegantes, aunque hay alguno de ellos, como La carroza de Cenicienta, que superan con mucho mis capacidades de apreciación… Creo que la caracterización de “peticiones hollywoodenses” reconocida por la misma empresa aplica tanto para bien como para mal.

Los precios son muy variables: lo más barato es, por 290 euros, mandar a casa de tu amada un mago disfrazado de repartidor, que con algunos trucos le entregará tu mensaje. Si estás dispuesto a gastarte 19,900 euros, puedes impresionarla haciendo que dos aviones tracen un enorme corazón en el cielo, mientras bebes champán, después de haber cruzado París en un Bentley MK6 Milord de 1935 y de haber disfrutado de una de las mejores comidas de tu vida.

Como puede verse, hay para todos los gustos y para todos los presupuestos. El éxito de la empresa es innegable, con más de 1,800 servicios prestados, y menciones en los medios de comunicación de más de cien países.

Pero a este blog le interesa especialmente uno de los escenarios, el más caro y también el más impresionante, ni más ni menos que un vuelo alrededor de la Luna que prácticamente replica la misión Apolo 8 . El viaje, que se inicia con un lanzamiento desde Cabo Cañaveral, se lleva a cabo en aproximadamente una semana, en la cual una pareja, en completa intimidad, recorre medio millón de kilómetros, teniendo ante sí las espectaculares vistas de la Luna y la Tierra desde el espacio.

La empresa ha pensado en todo, incluyendo la banda sonora: poco después del lanzamiento, al comenzar a sentirse los efectos de la microgravedad, sonará la conocida “Así habló Zaratustra”. En el punto culminante del viaje, es decir, cuando la nave sobrevuela a unos doscientos kilómetros de altura la cara oculta de la Luna, treinta minutos en los cuales no hay comunicación alguna con la Tierra y que son el momento elegido para que se realice la petición de mano, con un anillo estratégicamente oculto en el traje de astronauta, en ese preciso momento comenzará a sonar “Fly me to the Moon”, de Frank Sinatra.

El escenario incluye tres meses de entrenamiento (incluyendo simuladores de gravedad elevada, vuelos en un jet a más de Mach 2, maniobras de emergencia, etc.), el cual se lleva a cabo después de haber pasado las pruebas físicas, que supongo serán bastante exigentes.

ApoteoSuprise cobra 125 millones de dólares por esta experiencia, que considera estará disponible en 2022. Desconozco el modo en que Garreau habrá efectuado sus cálculos; un dato esperanzador al respecto es que Space Adventures espera lanzar su primera misión circunlunar a principios de la década de 2020, pero al paso que ha ido hasta ahora el turismo espacial, cuesta creerlo. Así que sólo nos resta esperar.

Para animar la espera, podemos imaginar finales felices y no tan felices para esta clase de vuelos. Imagínate: tres días en el espacio con tu amorcito, y he aquí que en el momento cumbre del viaje, le pides la mano a tu princesa. Y ella que te responde: “gracias por esta experiencia, pero no”. O peor: “¿quéeeeeee? ¿Estás idiota? ¿Y para eso me has traído aquí? ¡Mejor hubiéramos comprado un yate!”. O la última: “no quiero verte más, sácame de esta maldita nave”. ¡Qué miedo!

José María Filgueiras Nodar

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Foto de la NASA (http://nasa.gov)

Guerra, espacio y crisis ambiental

El 12 de septiembre de 1962, el presidente John Fitzgerald Kennedy pronunció en la Universidad de Rice  uno de sus discursos más recordados, el famoso “Moon speech”, en el cual afirmó que los Estados Unidos enviarían una nave a la Luna antes del final de aquella década, algo que en su opinión se hacía no por ser fácil, sino por ser difícil. Pese a las enormes dificultades, como sabemos, Estados Unidos sí consiguió que una de sus naves llegara a nuestro satélite antes del final de la década, tal y como Kennedy había prometido.

La llegada del Apolo 11 a la Luna el 20 de julio de 1969 fue, entre otras muchas cosas, un hito de gran importancia en el transcurso de la Guerra Fría, y éste es el aspecto que exploraré en esta entrada. Tom Wolfe, en “Elegidos para la gloria”, nos recuerda que la carrera espacial entre  EE.UU y la URSS había comenzado con una serie de éxitos para los soviéticos, y que permitir a éstos llegar a la Luna en primer lugar habría sido considerado una humillación por EE.UU. Desde esta perspectiva, se trataba una cuestión de honor, que por supuesto traía también aparejadas cuestiones relativas al liderazgo internacional de cada país, y a otras muchas dimensiones específicas de la Guerra Fría, como la propia superioridad tecnológico-militar. Por ejemplo: algunos años después, como comenta Spudis a este respecto, a los soviéticos les resultaría más fácil temer las posibilidades de la Iniciativa de Defensa estratégica –la denominada “Guerra de las Galaxias”– después de haber observado el éxito del proyecto Apolo.

Tal éxito implicó la superación de numerosos desafíos tecnológicos y de organización. Supuso asimismo un enorme esfuerzo para la economía norteamericana, con un costo de 25 mil millones de dólares (que en dólares de hoy representarían la escalofriante cantidad de 115 mil millones). Cabría preguntarse por la motivación capaz de lograr que todo un país se concentre de esta forma en un solo objetivo. En los Estados Unidos de la década de los 60, no dudo que mucha gente entendiera los esfuerzos por llegar a la Luna como parte de una guerra en la que se hallaba en juego la supervivencia ideológica, del modus vivendi, e incluso física. Y pocas motivaciones son tan fuertes como el deseo de supervivencia.

Actualmente, la humanidad enfrenta un reto tan o más amenazador: la crisis ambiental. ¿Podría este reto ser capaz de impulsar una nueva carrera espacial, que nos lleve más lejos de la Luna? Sé que hay mucho que reflexionar al respecto, sé que dicho así provoca muchas dudas, pero de momento sólo quiero dejar planteada la pregunta…

José María Filgueiras Nodar

¿Realidad Virtual en la promoción del turismo espacial?

Uno de los problemas que suelen aparecer en los estudios de mercado sobre el turismo espacial es que resulta muy difícil explicar el concepto de un modo claro. Las descripciones verbales, como las famosas descripciones positiva y negativa del estudio de Futron & Zogby, aclaran mucho el significado de esta modalidad turística. Pero por experiencia de numerosas clases sobre el tema, sé que un buen video hace que las cosas se entiendan mucho más fácilmente. Por ejemplo, este video de Virgin Galactic reproduce con bastante exactitud la experiencia que esta empresa ofrece como característica, de modo que quien lo vea se hará una idea muy ajustada de la misma. Una idea, desde luego, determinada por los límites de la comunicación audiovisual, que no permiten mostrar más que indirectamente aspectos como la aceleración, las fuerzas G o la ausencia de gravedad. Sin embargo, como decía, es una idea mucho más realista de la que se puede obtener con una descripción meramente verbal.

Hace unos días me encontré con este artículo de The Guardian , acerca de la creación de SpaceTime Enterprises, una iniciativa que pondrá las vistas del planeta, tal y como se experimentan desde la Estación Espacial Internacional, al alcance de cualquiera a través de la Realidad Virtual. Las imágenes que proporcionará son de la misma resolución que tendríamos con nuestros ojos, si estuviéramos allí. SpaceTime Enterprises planea lanzar su primer satélite en septiembre de 2019. Durante los siguientes tres a cinco años seguirá lanzando más satélites y haciendo crecer su base de datos, hasta llegar a una cobertura prácticamente completa de toda la Tierra, poniendo estas imágenes a disposición no sólo de los turistas virtuales sino también para la realización de negocios e investigación científica.

Así pues, esta empresa pondrá el turismo espacial al alcance de un mercado de consumidores mucho más amplio del que hoy por hoy pudiese acceder a los productos de turismo espacial de Virgin, XCOR o Blue Origin, habida cuenta de la gran diferencia de precios. Mi reflexión, sin embargo, tiene que ver con estos últimos productos de turismo espacial suborbital, o sea, con los que llevan a pasajeros de carne y hueso fuera de la atmósfera terrestre.

Dicha reflexión está muy clara: la Realidad Virtual es señalada por muchos expertos como la herramienta definitiva para promocionar nuevos productos. En el caso particular del turismo, permitirá experimentar nuevos destinos de un modo muy completo y convincente. Esta tecnología se ha llegado ya a considerar una solución para evitar los impactos negativos del turismo en destinos cuya situación es tan delicada como la Isla de Pascua o la ciudad de Venecia, y en general para contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el turismo, que representan un 8% del total mundial. En el caso de un producto tan nuevo como el turismo espacial, tan extraño a nuestra experiencia cotidiana, sus ventajas saltan a la vista. El turismo espacial requiere todavía darse a conocer en gran medida y la Realidad Virtual es una herramienta extremadamente útil para semejante tarea.

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Foto de Tim Savage

 

El carácter inmersivo de la Realidad Virtual permite a los usuarios explorar cualquier destino de un modo muy semejante a como lo harían si estuviesen físicamente en el mismo. Cabe esperar también que, a medida que la tecnología vaya mejorando, las experiencias sean cada vez más realistas, especialmente teniendo en cuenta las posibilidades de la tecnología háptica, que involucra al sentido del tacto. En otro orden de ideas, la apuesta de Facebook por la Realidad Virtual aporta un contexto empresarial muy interesante, en el cual el uso de tales dispositivos será  el pan nuestro de cada día.

Desde luego, en este punto nos encontramos con lo que podríamos denominar la “triste realidad” del turismo espacial suborbital, es decir, que los primeros vuelos suborbitales comerciales todavía no han despegado. Debido a esta triste realidad, tal vez las empresas no den mucha importancia a la promoción.

No me parece un buen argumento, y tampoco creo que las empresas de turismo suborbital piensen así, puesto que son plenamente conscientes de que una mayor difusión del producto puede ser muy beneficiosa no sólo de cara al futuro, cuando los precios presumiblemente comiencen a bajar y el producto se vaya convirtiendo en masivo, sino desde ya mismo. Además, el gasto no es demasiado elevado, en comparación con los costos de desarrollar el turismo espacial propiamente dicho (piénsese que SpaceTime Enterprise arranca con un capital de apenas 2,5 millones de libras), y podría ayudar a promocionar el turismo suborbital a una escala masiva, cuando sea necesario.

Tal promoción podría manejarse en varios niveles: pequeños spots para Facebook y otras páginas web, uso de simuladores sencillos en ferias y exposiciones, etc. Podría contactarse con empresas como la que acabo de mencionar, u otras con proyectos semejantes, como Earth-i o SpaceVR, que lanzó ya su primer satélite en 2016, y colocar sus productos dentro de las experiencias virtuales que éstas ofrecen. Vender viajes virtuales mucho más realistas, en simuladores complejos de la experiencia ofrecida por las empresas de turismo suborbital y tal vez acompañar virtualmente a los participantes en un vuelo suborbital –incluso compartiendo los gastos con los mismos– serían otras posibilidades, más allá de la propia promoción, pero también de gran interés. A través de cualquiera de las citadas, o las muchas otras que sin duda se desarrollarán, el turismo espacial suborbital sería dado a conocer de un modo completo y realista.

Sea como sea, parece que la realidad virtual ha llegado al mundo del turismo para quedarse, y probablemente para ocupar una posición de gran importancia en la promoción turística. El turismo espacial no debería quedarse atrás a la hora de adoptar esta tendencia; creo que cualquier observador atento apostaría a que se utilizará más y más en los próximos años.

José María Filgueiras Nodar

 

Lisas, Marges, Homeros y Barts: ¿qué opina la gente de la exploración espacial?

Hay dos tipos de personas: quienes disfrutan de categorizar a las personas, y quienes no. Para nosotros, los del primer tipo, construir tipologías siempre es divertido e interesante, lo mismo que conocer las establecidas por otros miembros de nuestra categoría.

Este fin de semana recordé las segmentaciones según el estilo de vida hechas por los mercadólogos, no tanto las tipo VALS2 (que son muy útiles) sino las que tienen un punto más creativo. En un libro, no recuerdo si de Kotler o de algún otro erudito de la mercadotecnia, leí acerca de un estudio que había segmentado el mercado ruso de los años noventa utilizando personajes como los cosacos, que gastaban más de lo que ganaban, fumaban Dunhill y andaban en BMW, y las almas rusas, personas austeras y sufridas, que se lo pensaban dos veces hasta para comprarse un pedazo de pan.

Con ejemplos como éstos en mente, me puse a pensar en cómo podría construirse una categorización referida a las opiniones de la gente ante la exploración espacial. No sobre el turismo espacial, sino sobre la exploración espacial, porque, querámoslo o no, ésta es hoy por hoy algo mucho más cercano a la experiencia cotidiana que el turismo espacial.

Y se me ocurrió la siguiente categorización. A nadie se le escapará lo mucho que le debe a los Simpson. Por cierto, quien dude acerca de la utilidad académica de esta magnífica serie, puede comenzar leyendo Los Simpson y la filosofía. Pero vamos ya con la categorización:

  • Homeros: No entienden nada de nada y probablemente se burlan de todo. Pueden dar razones a favor, lo mismo que en contra, sin coherencia alguna, dependiendo de la coyuntura e incluso de los caprichos del momento (especialmente de los caprichos del momento). Sé que es algo injusto con Homero, quien en un episodio visita la Estación Espacial Internacional, pero el tono general del personaje justifica el que dé nombre a esta categoría.
  • Marges: Preocupad@s por el bienestar de su familia, por la vida cotidiana en la Tierra, por la economía. En ocasiones, podrían estar a favor de la exploración espacial, pero sólo en tanto esta inversión produzca resultados en la Tierra. “Más teflón y menos fotos de Plutón”, podría ser un lema para estas personas.
  • Lisas: Fanátic@s de la exploración espacial, por pura curiosidad científica. A los miembros de esta categoría les resulta extremadamente difícil entender que existan personas para quienes explorar el espacio no representa el sentido de la vida. “¿En serio existen? Me estás bacilando… Ya déjame volver con mi telescopio”.
  • Barts: Son quienes ven el lado aventurero de la exploración espacial. Felices sobre una patineta (como el Bart original), haciendo paracaidismo o buceando entre tiburones. En palabras de Tom Wolfe, estas personas tienen lo que hay que tener, y el espacio representa para ellas la aventura extrema, definitiva, algo a lo que se puede apostar todas las cartas de su vida.

Con un poco de imaginación, estoy seguro de que podríamos sacar más personajes (Moes, Krustys, Skinners, etc.) pero por el momento creo que podemos detenernos aquí. Con esta clasificación en la cabeza, podríamos comenzar a analizar las actitudes de la población ante la exploración del espacio, y, desde luego, a chismear acerca de los personajes más destacados del mundillo espacial.

Un aviso que debe tenerse siempre presente es que casi nunca hay tipos puros; probablemente nos encontraremos con muchos casos intermedios. Seguro que Elon Musk es un Lisa, pero también parece tener cosas de Bart (especialmente cuando habla de jubilarse en Marte). Richard Branson es sin duda más Bart, pero como hombre de negocios también tiene aspectos de Marge.  ¿Y qué decir de Donald Trump, cuando habla de regresar a la Luna? ¿Es un Bart o solamente un Homero?

José María Filgueiras Nodar

Día del Recuerdo en la NASA

Hoy 25 de enero la NASA celebra su Día del Recuerdo, una tradición iniciada en 2004, en honor de los astronautas que han perdido su vida. Esta época del año, entre enero y febrero, ha sido una mala época del año para la NASA, dado que en este período se produjeron varios accidentes mortales:

  • El incendio del Apollo 1 (27 de enero de 1967)
  • La explosión de la lanzadera espacial Challenger (28 de enero de 1986)
  • La explosión de la lanzadera espacial Columbia (1 de febrero de 2003)

El hecho de que las tres tragedias se produjeran en días tan cercanos, ha llevado a la NASA a ubicar su aniversario en estas fechas. El presente año el día elegido ha sido hoy.

Los vuelos espaciales son terriblemente peligrosos, y los astronautas fallecidos son el mejor testimonio de tal peligro. Es mucho lo que la ciencia, y desde luego el propio turismo espacial, deben a estos héroes, que han sido capaces de sacrificar sus vidas por la determinación de llevar a la humanidad hacia el espacio.

Si quieres seguir el evento en vivo, te recomendamos ir a https://www.nasa.gov/specials/dor2018/

Mis viajes en carguero… y su relación con el turismo espacial

Hasta ahora, he cruzados dos veces el océano Atlántico a bordo de un carguero. En octubre de 2016 viajé de Miami (EE.UU.) hasta Sines (Portugal) en el portacontenedores Msc Carouge. Unos meses más tarde, en julio de 2017, crucé desde Bremerhaven (Alemania) hasta Charleston (EE.UU.) a bordo de otro portacontenedores, el Msc Buxcoast. Me encanta el mar, por lo que en ambos casos fueron experiencias increíblemente satisfactorias, y más teniendo en cuenta que en ninguno de los dos viajes me mareé, lo cual era una de mis principales preocupaciones.

En otra ocasión tal vez cuente algunos detalles de estos viajes; de momento he comenzado a sacar una serie de vídeos en mi canal de YouTube, que les comparto al final de esta entrada. Pero hoy quisiera relacionar mis experiencias en estos viajes con unas declaraciones que leí, referida si no recuerdo mal a los futuros viajes a Marte. Quien hablaba, que no recuerdo quién era, decía más o menos que estaba preocupado por el posible aburrimiento de los astronautas, en el caso de que tuvieran que estar encerrados en la nave durante meses.

Ya digo que no recuerdo bien las declaraciones, pero la idea era que los astronautas no o no sólo debían ser aventureros, excelentes deportistas, pilotos, buceadores, etc. En el caso de esos viajes que implicaban un confinamiento prolongado, debían también tener alguna afición como la filatelia, la lectura o similar, algo por así decir “de salón”, que les ayudase a no volverse locos de aburrimiento en esas condiciones.

Los viajes en carguero, desde luego, son muy diferentes a lo que debe ser un viaje interplanetario. De entrada, porque puedes abrir la ventana en cualquier momento, o bajar a cubierta y pasear al aire libre viendo el mar. Pero también es cierto que por la naturaleza de los viajes en un barco mercante, hay mucho tiempo de soledad. Si no sabes qué hacer con tu tiempo, o simplemente no soportas estar solo, la experiencia puede volverse rápidamente muy aburrida, y hasta agobiante.

Yo estudié filosofía, estoy más que acostumbrado a pasar días enteros leyendo. Por ello, me imaginaba que en ese nivel, el viaje en barco no iba a ofrecer ningún problema, por más que supiera que no había conexión a Internet. Y efectivamente así fue. El viaje Miami-Sines, en el cual yo era el único pasajero del barco, lo dediqué prácticamente a escribir. Me levantaba, pasaba una o dos horas viendo el mar, hasta la hora del desayuno, y luego escribía hasta que me iba al gimnasio del barco. Después, volvía al camarote a seguir escribiendo hasta la hora de la cena (me saltaba una de las comidas). Después de cenar, veía alguna de las películas que había llevado en la computadora. Me equivoqué de USB y dejé mi selección de películas, de hecho llevé en el barco las películas que no quería ver, las que había desechado, pero aun así, no me aburrí ni un solo minuto de los once días que duró el viaje.

En el segundo viaje, que duró nueve días, me acompañaron otros dos pasajeros, por lo cual había mucha más vida social en el barco. Las comidas eran más largas, porque incluían una animada sobremesa; también hubo paseos en grupo por el barco y hasta una fiesta de cumpleaños con karaoke incluido. Aun así, también tuve muchas horas de soledad, que volví a disfrutar. En esta ocasión no escribí tanto, pero vi un montón de películas y series, jugué videojuegos y leí varias novelas de ciencia ficción, entre ellas la impresionante Gente de barro, de David Brin.

Ambos viajes sirvieron para confirmar preliminarmente mi hipótesis: podría soportar un viaje interplanetario sin aburrirme lo más mínimo. Tan sólo necesitaría una buena biblioteca de PDFs y quizás algunas películas. Si además pudiera llevar un par de buenos videojuegos, de los que enganchan, es probable que el viaje se me hiciera demasiado corto…

José María Filgueiras Nodar

 

Hotel de lujo en la Estación Espacial Internacional

Esta fue, sin duda, una de las noticias que más ha animado el mundillo del turismo espacial a fines del 2017. En efecto, el 21 de diciembre, la conocida revista Popular Mechanics publicó un artículo explicando los planes de la agencia espacial rusa (Roskosmos) de construir un hotel de lujo en la Estación Espacial Internacional.

Desde luego, los estándares de ‘lujo’ no se entienden igual en el espacio que en la superficie de la Tierra, al menos por el momento. Pero la propuesta rusa sin duda representa un alojamiento significativamente más confortable que el utilizado por los turistas espaciales que desde el 2001 han visitado la Estación Espacial Internacional.

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El plan de RKK Energia, el principal contratista de Roskosmos, señala la construcción de un nuevo módulo, semejante al módulo de energía NEM-1 que Rusia está construyendo en la actualidad para la Estación.

Dentro de dicho módulo se ubicarían cuatro habitaciones privadas de dos metros cúbicos de capacidad, además de dos instalaciones médicas y de higiene. Las habitaciones contarán con una ventanilla de 9 pulgadas (22.86 cm.) desde la cual se podrán contemplar unas magníficas vistas a 400 km. de altura de nuestro planeta, que es, no lo olvidemos, una de las principales motivaciones de los turistas espaciales orbitales, según muestran los estudios de mercado. Asimismo, dispondrán de un gimnasio y hasta de conexión a Internet. En el salón común del módulo, habrá una ventana mucho más grande, de 16 pulgadas (40.64 cm.).

El precio no resulta exagerado (para los montos que se manejan habitualmente en el turismo espacial orbital): 40 millones de dólares por una estancia de una a dos semanas, que se podría extender a un mes. En este caso, y con la opción añadida de realizar un “paseo espacial”, es decir, salir al exterior de la Estación acompañado de un cosmonauta, se deberían pagar 20 millones adicionales. Desde luego, no está al alcance de cualquiera, pero Roscosmos y RKK Energia tienen confianza en las crecientes cifras de multimillonarios que hay en el mundo. Con que un pequeño porcentaje de éstos deseen volar, y se animen a pagar por anticipado el dinero requerido para la construcción del nuevo módulo, el hotel sería ya rentable.

En otra entrada del blog comentaré alguno de los problemas que enfrenta esta propuesta, pero de momento he decidido dejar este texto con la parte positiva: ha aparecido una opción nueva, aunque todavía esté en proyecto, para hacer turismo espacial. Y además, de la mano de los rusos, que han sido pioneros en este negocio. Por ello, merece la pena estar atentos a este proyecto.

José María Filgueiras Nodar

Este es el artículo original de Popular Mechanics: http://www.popularmechanics.com/space/satellites/a14471796/luxury-hotel-iss/

Y aquí los comentarios en el vlog ExoPlanetas:

Bremerhaven

Estrenaré la categoría “terrícola” con esta entrada, en la que quiero compartirles dos breves videos que grabé durante mi estancia en Bremerhaven (Alemania), justo antes de embarcarme en el carguero Buxcoast para regresar a América. Bremerhaven es una ciudad de 100,000 habitantes, situada en el norte del país, muy cerca de Bremen. De hecho, su mismo nombre significa “el puerto de Bremen”. Se trata, como pueden imaginarse, de una ciudad completamente volcada hacia el mar.

Bremerhaven es uno de los puertos más importantes de Europa, tanto en lo que se refiere a la pesca como al tráfico comercial. Históricamente, fue el punto de salida para los más de siete millones de alemanes que emigraron a los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX. Hoy en día, existe un Museo de la Emigración que conmemora este éxodo (aquí un completo texto sobre el tema).

Yo estuve en Bremerhaven apenas un día, llegué el domingo a mediodía y el lunes por la mañana ya me fui para el barco, de modo que no pude explorar todos los atractivos, ni siquiera los más importantes. Al respecto, lo que más me pesó, sin duda, fue no haber visto el Museo de la Emigración más que en un folleto, así como no subirme a la Torre del Radar (me enteré de que se podía hacer cuando ya estaba embarcado).

El primer video que les comparto se centra sobre todo en el Museo Alemán de la Navegación, un lugar que realmente tiene mucho material para quien esté interesado en los barcos y la historia de la navegación. Yo recuerdo especialmente la reconstrucción del “Bremer Kogge”, un barco del siglo XIV cuyos restos fueron encontrados en 1962, y también el submarino militar “Seehund”, una máquina asesina para sólo dos tripulantes (los cuales si no recuerdo, debían estar sin moverse de su asiento durante todo el tiempo que durase la misión).

La visita al Museo incluye también el acceso a varios barcos, entre ellos un ballenero de los años 50 y un remolcador conocido como el “tractor de agua”, dotado de una hélice con un diseño muy novedoso, que le daba mayor movilidad. En el mismo espacio se puede ver el primer hovercraft. Para quien le guste el mar, sin duda una gran experiencia.

El segundo video es el de mi visita al interior del submarino Wilhelm Bauer, lanzado en 1945. Me parece una experiencia muy interesante, el estar dentro de un submarino de la Segunda Guerra Mundial. Y, desde luego, quienes nos interesamos por el turismo espacial no podemos dejar de hacer comparaciones.

Debo advertir de que el video ni siquiera menciona esas comparaciones, al contrario, es un video “graciosito-wannabe” de un aspirante a youtuber (al igual que el anterior). Pero creo que si se observa desde la perspectiva del turismo espacial, puede suscitar ideas sobre nuestro tema.

Piénsenlo: una tripulación aislada en medio de un entorno hostil, dependiendo por completo de los sistemas de soporte de la nave, durante largos períodos de tiempo…

José María Filgueiras Nodar

Turismo “terrícola” (o sea: no-espacial)

Esta es una advertencia que sólo tiene sentido en un blog como el presente, dedicado al turismo espacial. Con la etiqueta “terrícola” (sé que no es gramaticalmente correcto, pero espero se me permita esta licencia) me referiré, claro está, a todo el turismo realizado a menos de 80 kilómetros de altura. Que es, adivinaron, prácticamente la totalidad del turismo que existe hoy por hoy .

Consciente de este hecho, ubicaré en esta categoría todos mis escritos que se refieran al turismo, en cualquiera de esas variedades y con múltiples contenidos (reflexiones conceptuales, descripciones de lugares, tips de viaje, etc.) siempre y cuando NO se refieran al turismo espacial.

Preveo que algunas de estas entradas serán de carácter muy personal, lo cual no sé si es positivo o algo de lo cual haya que disculparse. Amparado en la libertad narrativa que ofrece un blog, no me disculparé por el momento. Al contrario, animo a los lectores interesados en el turismo espacial a leer también las entradas “terrícolas”: seguro que encontrarán cosas interesantes.